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Enrique Bernal, especialista en aparato digestivo: «El estrés, si no se controla, puede provocar que nuestro tubo digestivo se vea muy afectado» | Collector
Enrique Bernal, especialista en aparato digestivo: «El estrés, si no se controla, puede provocar que nuestro tubo digestivo se vea muy afectado»
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Enrique Bernal, especialista en aparato digestivo: «El estrés, si no se controla, puede provocar que nuestro tubo digestivo se vea muy afectado»

Seguro que más de una vez has sentido un nudo en el estómago antes de un examen, una reunión importante o una conversación difícil. O quizás hayas notado que, en las épocas en las que vas corriendo a todas partes y no duermes bien, tus digestiones se vuelven mucho más pesadas o visitas el baño más de la cuenta. No son imaginaciones tuyas ni una simple coincidencia, sino que tu cabeza y tu barriga están conectadas de una forma mucho más estrecha de lo que piensas. Sobre esta relación ha hablado recientemente el doctor Enrique Bernal, jefe del servicio de aparato digestivo en el Hospital Centro de Andalucía. Según el especialista, el estrés , si no se aprende a gestionar y a controlar a tiempo, puede acabar pasándole una factura muy cara a la salud digestiva. A veces tendemos a pensar en nuestro cuerpo como si fuera un coche, muchas piezas independientes donde el motor va por un lado y las ruedas por otro. Creemos que lo que pasa en el cerebro se queda en el cerebro y que el estómago solo se encarga de procesar la comida. Sin embargo, el doctor Bernal recuerda que la realidad médica es completamente diferente: «Nosotros no somos un tubo digestivo aislado, no somos un brazo aislado, un pulmón aislado; todo está interrelacionado ». El gran puente que une estas dos zonas es nuestro sistema nervioso central. Resulta que el aparato digestivo no funciona solo, sino que tiene su propia red de mandos y conexiones a la que los médicos llaman sistema entérico . Esta red es tan grande, compleja y autónoma que en el mundo de la ciencia se la conoce popularmente como el «segundo cerebro». Millones de neuronas tapizan las paredes de nuestro estómago e intestinos, y están en comunicación constante y bidireccional con la cabeza. Lo que siente uno, lo sufre el otro. Por sorprendente que parezca, el estrés no es malo por naturaleza. El doctor Enrique Bernal aclara que, si se mantiene bajo unos límites normales, el estrés es en realidad un mecanismo de defensa muy útil y saludable que nos ayuda a reaccionar ante los problemas diarios y a mantenernos en un estado necesario de alerta : «El estrés sí, pero hay que saber llevarlo y controlarlo para que no nos termine pasando factura», aclara el experto. Gracias a él, nuestro cuerpo se prepara para actuar rápido si surge un imprevisto. El verdadero peligro aparece cuando la presión se vuelve constante, no desconectamos nunca y ese nivel de alerta se nos va de las manos. Es en ese preciso momento cuando cruzamos la línea y caemos directamente en un estado de ansiedad. Cuando la ansiedad se instala en la rutina, el cuerpo interpreta que estamos en un peligro constante. Para defenderse, desvía la energía y la sangre hacia los músculos o el corazón, dejando al sistema digestivo en un segundo plano. Al recibir menos recursos y verse alterado por las hormonas del estrés, el sistema entérico se descompensa por completo. Hay muchos factores internos que pueden alterar las digestiones, como sufrir alguna patología previa o llevar una mala alimentación, pero el doctor Bernal insiste en que el estrés es uno de los factores externos más potentes y dañinos para nuestra salud interior. Cuando tu sistema digestivo empieza a sufrir por culpa de un ritmo de vida demasiado acelerado o de las preocupaciones acumuladas, no tarda en mandar señales de aviso. Las molestias que puede desencadenar la ansiedad son muchas y varían según cada persona. Entre los síntomas más comunes que describe el especialista se encuentran: Además, hoy en día se sabe que los nervios prolongados alteran la microbiota (las bacterias buenas que viven en el intestino) y aumentan la sensibilidad de las paredes del estómago, haciendo que cualquier digestión normal se vuelva molesta. Y es que a veces nos resignamos a vivir con molestias en la tripa, recurriendo a protectores estomacales o cambiando de dieta sin éxito, cuando el verdadero foco del problema está en nuestra mente. Aprender a organizar mejor el tiempo, practicar algo de ejercicio físico para liberar tensiones, buscar momentos de desconexión y, si es necesario, pedir ayuda psicológica, son pasos fundamentales no solo para calmar la mente, sino también para recuperar el bienestar de nuestro estómago.

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