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La IA se infiltra en la selectividad con los nuevos métodos para copiar que ya están aquí: "La picaresca siempre va a ir por delante". | Collector
La IA se infiltra en la selectividad con los nuevos métodos para copiar que ya están aquí:
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La IA se infiltra en la selectividad con los nuevos métodos para copiar que ya están aquí: "La picaresca siempre va a ir por delante".

En plena celebración de las pruebas de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), miles de estudiantes se enfrentan a los exámenes que marcarán su futuro académico. Sin embargo, la tecnología ha abierto una nueva puerta para el fraude, donde la inteligencia artificial (IA) se convierte en una aliada para aquellos que buscan atajos. La sofisticación de los dispositivos ha evolucionado hasta tal punto que copiar en un examen ya no depende de una simple chuleta, sino de complejos sistemas al alcance de cualquiera. Para analizar este fenómeno, contamos con la visión de Edgar Martín Blas, CEO de la empresa Spatial Voyagers y experto en realidad mixta e inteligencia artificial. Uno de los dispositivos más "sospechosos" y efectivos para estos fines son las gafas inteligentes, como las Ray-Ban de Meta. Según Martín Blas, su apariencia es la de unas gafas normales, lo que las hace "muy discretas". Sin embargo, están equipadas con cámaras y micrófonos. El mecanismo es sencillo: el usuario solo tiene que mirar al examen, dar una orden y las gafas "directamente hacen una foto, lo lleva a la nube y una inteligencia artificial se encarga de resolver el problema o decirte lo que está viendo". Lejos de ser tecnología de ciencia ficción, estos aparatos ya no son excesivamente caros ni difíciles de conseguir. Marín Blas señala que "muchos de estos dispositivos están en cualquier página web realmente y son muy potentes". La barrera económica se ha difuminado, haciendo que estas herramientas sean accesibles para un público mucho más amplio, incluidos los estudiantes. El verdadero salto cualitativo en el fraude académico no reside únicamente en los dispositivos conectados a la nube. El experto advierte sobre una tendencia en auge: la IA local. A diferencia de modelos como ChatGPT, que operan en la nube, la IA local se ejecuta íntegramente en el dispositivo, "no está conectada absolutamente con nada a través de Internet". Esto la hace inmune a los inhibidores de frecuencia que se utilizan habitualmente para evitar la comunicación con el exterior durante los exámenes. Martín Blas ilustra este concepto con un ejemplo revelador: una calculadora. "Podrías de alguna forma incluso programar por encima de esa calculadora para que tú le fueras contando cosas y te respondiera", explica. Aunque hoy en día pueda parecer algo de "hacker", el experto vaticina que "a lo mejor dentro de un año sí que puedes tener ya toda la potencia de una IA metida en una calculadora". La clave está en la miniaturización y en memorias especializadas como la VRAM, que permiten procesar la información en el propio aparato. La consecuencia directa es la existencia de "dispositivos que no tienen ningún tipo de conexión", y que toman las decisiones "en local". Esto supone un desafío mayúsculo para los sistemas de vigilancia actuales. Aunque el acceso y la modificación de estos sistemas todavía presentan cierta complejidad, la tendencia es clara y la tecnología avanza a pasos agigantados. Modificar una inteligencia artificial para saltarse sus barreras éticas o legales es, a día de hoy, "bastante complejo". Las IAs más populares, como las de OpenAI, tienen filtros que impiden, por ejemplo, dar respuestas sobre temas médicos o ilegales. Sin embargo, Martín Blas apunta a la aparición de "inteligencias artificiales, sobre todo de China", que el usuario puede descargar y modificar para que el resultado llegue "sin ningún tipo de filtro ni nada". Esta manipulación se está volviendo más sencilla gracias a los llamados "agentes". El experto menciona una herramienta "muy potente que se llama Open Cloud" que, una vez instalada, "controla tu ordenador entero". Este agente se encarga de realizar por sí mismo toda la capa de programación necesaria para modificar la IA local, otorgando al usuario un "nivel de control que es increíble" sin necesidad de conocimientos técnicos avanzados. ¿Se pueden detectar estos métodos? "A día de hoy sí", porque los dispositivos actuales como las Ray-Ban Meta o los pinganillos son "muy obvios" y reconocibles. Sin embargo, la evolución es constante. "Pensemos que al final esto va evolucionando y va a llegar un momento en que incluso el reloj que tienes puede tener perfectamente integrado un mini ordenador", advierte. La conclusión del experto es que "la picaresca siempre va a ir por delante". El problema más grave, reitera, vendrá cuando la IA local se miniaturice hasta lo impensable. Los inhibidores serán inútiles. "Va a llegar un momento dentro de un año o dos en que no hace falta que estés comunicándote con el exterior, porque la IA la tienes guardada en un anillo, imagínate", expone Martín Blas. Un anillo con su propio procesador y una IA entrenada específicamente para "responder a los exámenes concretos de lo que va a entrar en la PAU" sería el dispositivo de copia definitivo e indetectable.

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