Cope Zaragoza
Este 3 de junio, con motivo del Día Nacional del Donante de Órganos, emergen historias que ponen rostro y voz a la importancia de un gesto altruista que salva vidas. Una de esas historias es la de Javier Soldevilla, portavoz de la Asociación de Trasplantados Hepáticos de Aragón en Huesca, quien, siete años después de recibir un nuevo hígado, dedica su tiempo a concienciar sobre una realidad que a él le ha permitido "volver a vivir". Su labor, como la de muchas otras asociaciones, es agradecer a los donantes y sus familias, y recordar una verdad fundamental: "los órganos no van al cielo". Javier Soldevilla celebra el sistema que lo hizo posible, destacando que España es líder mundial en generosidad. "Somos los mayores donantes del mundo", afirma con orgullo. Subraya una de las grandes fortalezas del sistema de salud español: la equidad. "No se compra con dinero, todo el mundo tiene derecho", explica, refiriéndose a las listas de espera que funcionan por un orden estricto, garantizando que cualquier persona pueda acceder a un órgano cuando lo necesite, sin privilegios económicos. La historia de Javier es un testimonio de constancia. Su camino hacia el trasplante comenzó mucho antes de la operación. "Sabía que mi solución curativa, al final, sería un trasplante", comenta sobre la cirrosis que avanzaba "poquito a poco". Cuando no quedó más remedio, fue incluido en la lista de espera. Detrás de cada paciente, recuerda, "hay muchas historias", y a veces, la empatía del equipo médico es un factor crucial en el proceso. El momento más crítico para Javier llegó justo después de la intervención. "En mi trasplante yo además estuve varios días en la UCI como paciente 0, que no me funcionaba el hígado", relata. La situación era tan grave que "parecía ser que estaba ya desahuciado". Sin embargo, cuando todo parecía perdido, ocurrió el milagro. "De repente empezó a funcionar" y ese instante marcó el comienzo de su nueva vida. A sus 67 años, y tras haberse prejubilado a los 60, justo cuando recibió el trasplante, Javier disfruta de una vida plena. "La verdad es que me encuentro muy bien. Hago ejercicio", asegura. Para él, la conclusión es clara y la resume en una frase cargada de significado: "Es totalmente, digamos, una vida nueva". Todo, gracias a un donante anónimo, una persona a la que nunca podrá conocer pero que le ha regalado el bien más preciado. A pesar de los excelentes datos de donación en España, Soldevilla reconoce que todavía existen temores y reticencias. "Los hay", confirma, aludiendo a miedos como el de "no quiero que me desconecten". Desde la asociación se esfuerzan en aclarar que la donación solo ocurre tras el fallecimiento. Sin embargo, la decisión final recae en la familia si el fallecido no ha dejado constancia de sus últimas voluntades, un matiz legal que es fundamental conocer. Javier recuerda una anécdota que ilustra los prejuicios culturales que a veces rodean la donación. Una joven de unos 18 o 20 años, a la salida de un instituto, les espetó: "Sois unos demonios porque quitáis a los muertos los órganos y las almas". Aunque al principio pensó que era una broma, pronto se dio cuenta de que la acusación iba en serio. "Entendí que esta chica venía de otra cultura donde seguramente esto no era normal", reflexiona, mostrando la complejidad de su labor de divulgación. Una de las características del sistema español es el anonimato del donante. Aunque a Javier le gustaría poder agradecer personalmente a la familia que le dio esta segunda oportunidad, entiende las razones del sistema. "Hemos preguntado a veces", admite, pero la respuesta siempre apunta a la necesidad de proteger a las familias y evitar situaciones complejas, como posibles chantajes. "Supongo que los que dirigen el tema, pues ya tienen sus razones", concluye con resignación. Mientras tanto, Javier y sus compañeros de la asociación continúan su labor en puestos informativos como el de los Porches de Galicia en Huesca. Su presencia es un recordatorio constante de que la donación es un asunto que concierne a todos. Como él mismo dice, "hoy nos puede pasar a cualquiera, el que necesitemos un órgano que otra persona, pues, desgraciadamente, que ha fallecido no lo necesita".
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