El Plural
España ha alcanzado en 2025 la cifra más alta de delitos de odio desde que existen registros oficiales. El Ministerio del Interior ha contabilizado 2.417 infracciones penales, un 23,6% más que el año anterior, según el informe sobre la evolución de los delitos e incidentes de odio presentado en el Centro Tecnológico de Seguridad, en El Pardo, Madrid. El dato confirma una tendencia preocupante: el odio deja de ser un fenómeno aislado para convertirse en una expresión cada vez más visible de la polarización social, política y digital. El aumento se produce en un contexto internacional marcado por la expansión de discursos racistas, xenófobos, islamófobos, antisemitas y anti-LGTBI. Instituciones europeas han alertado en los últimos años de la normalización de estos mensajes, especialmente contra personas migrantes, racializadas y colectivos LGTBI. Esa advertencia encaja con la evolución española, donde el odio circula con fuerza tanto en la calle como en internet. El racismo sigue encabezando la estadística El racismo y la xenofobia vuelven a situarse como la principal categoría de delitos de odio en España. Interior ha registrado 934 hechos de este tipo, un 16,1% más que el año anterior. La cifra confirma que las personas migrantes, racializadas o percibidas como extranjeras continúan siendo uno de los principales objetivos de agresiones, amenazas, insultos y discriminaciones. No se trata solo de episodios individuales: el dato refleja un clima social en el que la nacionalidad, el origen étnico o el color de piel siguen funcionando como marcadores de exclusión. La segunda categoría con más delitos registrados es la vinculada a la orientación sexual y la identidad de género, con 571 casos. La persistencia de ataques contra personas LGTBI muestra que los avances legales y sociales no han eliminado la violencia cotidiana contra quienes se salen de la norma sexual o de género. En tercer lugar aparecen los delitos de odio por ideología, con 241 casos, una categoría que crece un 64% y que refleja también el endurecimiento de la confrontación política. El informe deja además varios incrementos especialmente graves. La islamofobia sube un 133%, la disfobia —odio o discriminación contra personas con discapacidad— aumenta un 90% y el antisemitismo crece un 86,5%. En términos absolutos, algunas de estas categorías pueden ser menores que el racismo o la LGTBIfobia, pero sus incrementos porcentuales indican un deterioro rápido de la convivencia y una mayor exposición de determinados colectivos a campañas de estigmatización. Internet como fábrica de hostilidad Uno de los datos más preocupantes es el salto de la islamofobia en el ámbito digital. Interior apunta a un incremento del 450% de los hechos islamófobos en internet, un dato que conecta la realidad española con una tendencia global: las redes sociales se han convertido en el principal laboratorio del odio contemporáneo. Allí los mensajes se viralizan, los bulos encuentran audiencias predispuestas y la deshumanización de minorías puede repetirse miles de veces antes de convertirse en amenaza, acoso o agresión. La frontera entre el discurso de odio y el delito de odio no siempre es inmediata, pero...
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