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Es posible que, para un autor, lo peor de la creación literaria sea pasearse y vender lo que uno escribe tomándose demasiado en serio. No todos estamos al nivel de hacer una peineta a la necesidad. Por eso, el bueno de Silverio fue tan importante, pues encarna a la persona que no tiene ningún miedo de reconocer que todo lo que le rodea es basura y que puede permitirse el lujo de mandarlo todo a paseo. Nació en Madrid en 1856 con el nombre de Juan Bautista Amorós y Vázquez de Figueroa. Huérfano de padre desde niño, pero no de posición, Silverio pasó por la Escuela Naval y heredó lo suficiente como para vivir sin sobresaltos. Pero entonces eligió otro... Ver Más
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