La Opinión de Murcia
El miedo no suele presentarse de golpe: negocia. Llama con la educación de un vendedor a puerta fría y espera a que alguien, desde dentro, le dé permiso para entrar. A veces ni siquiera hace falta abrirle: basta con acercarse un poco a la mirilla. Todo comienza con un malentendido. Un ruido en la noche, una frase ambigua, un latido que se adelanta. La realidad, que en sí misma es neutra, pide traducción. Y la mente traduce. Si acierta, el miedo se disuelve como un error corregido. Si exagera, el miedo adquiere volumen. No es aún peligro: es posibilidad. Pero las posibilidades, cuando se miran de cerca, tienen la mala costumbre de parecer certezas.
Go to News Site