La Opinión de Málaga
Todavía es sencillo recordar el pánico desatado a principios de 2020 por la covid, que encarceló a los ciudadanos a domicilio aunque por fortuna concedió una tregua a sus mascotas. Con el virus vivito y coleando todavía, pero sin más confinamiento que alguna mascarilla desperdigada, cuesta borrar la sospecha de que las medidas coactivas para aterrorizar a los ciudadanos pretendían alentar el formidable negocio de la covid. Sin trabas, porque el miedo suprime las cautelas y controles.
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