El Periódico Extremadura
Esta mañana, a primera hora, conduciendo con prisa hacia el primer asunto del día, paré en un semáforo y el sol de primavera me dio de lleno en la cara, por el hueco entre el retrovisor y el parabrisas. Calor de primavera, del que todavía perdona. Cerré los ojos un segundo. Nada más. Y cuando el verde me obligó a arrancar, salí de allí algo distinta, como si hubiera rellenado un depósito que ni sabía que tenía vacío.
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