Cope Zaragoza
Tres años después de una compleja intervención quirúrgica, Jesús Muñoz ha vuelto al Hospital de Neurotraumatología y Rehabilitación del Virgen de las Nieves. Lo ha hecho para entregar dos ejemplares de su libro, 'Prisionero del halo', uno para el equipo sanitario que lo cuidó y otro para los pacientes que, como él, se enfrentan a una dura prueba y puedan sentirse más arropados. La vida de Jesús Muñoz, diagnosticado al nacer con neurofibromatosis, una enfermedad genética que puede causar deformidades de columna, cambió radicalmente. En 2023, su salud se deterioró, perdió movilidad y necesitó muletas para andar. Su "suerte", como él dice, fue encontrarse con el cirujano Antonio Luis Pérez Abela, jefe de la unidad de Columna del hospital granadino, quien lo recibió con emoción junto al resto del equipo. Hoy, Jesús lleva una vida normal casi sin dolor, pero el camino ha requerido resiliencia y esfuerzo. Pérez Abela califica el caso como "un caso complejo de cirugía para corregir una deformidad en la columna", agravado por intervenciones previas sin éxito y el pequeño tamaño de sus huesos debido a su enfermedad. La cifosis y escoliosis severas ponían en riesgo la médula, lo que obligó al equipo a "ser muy cautos en la cirugía para que la médula se fuese adaptando poco a poco", asumiendo el peligro de complicaciones como la pérdida de movilidad. Antes de la operación, Jesús se sometió a una prueba de fortaleza. Se le colocó un halo craneal, una corona fijada al cráneo de la que se cuelgan pesas para estirar la columna progresivamente. El autor de 'Prisionero del halo' llevó este dispositivo las 24 horas del día, llegando a soportar hasta 25 kilos de peso. El escritor recuerda esas semanas, en plena pandemia por el Covid y con visitas restringidas, con gratitud y orgullo. Escribir el libro, al que dedicó más de dos años, le "sirvió de terapia", según reconoce. La supervisora de Traumatología, Consuelo Gómez, destaca la importancia de la humanización de los cuidados en hospitalizaciones largas: "Debe de ser lo más humana posible, intentamos que se sientan lo más parecido posible a estar en casa". Gómez recuerda a Jesús como "una persona bastante especial, con un gran sentido del humor, algo muy importante para una mejor recuperación". La estabilización de la columna dio paso a una extrema intervención quirúrgica en dos fases. La primera, de más de ocho horas, se realizó en colaboración con Cirugía Torácica para acceder al raquis a través del pulmón. Fue crucial la pericia de los especialistas de Neurofisiología Clínica, para monitorizar los nervios, y de Anestesiología, para aplicar una ventilación pulmonar precisa. El cirujano, Pérez Abela, señala que "como el paciente tenía varias operaciones previas, fue más difícil por las cicatrices que hicieron más complejo el abordaje". El equipo tuvo que "implantar injerto de las costillas del propio paciente y algunos dispositivos mecánicos para dejar la posición de la columna casi correcta". Una semana después, se realizó la segunda fase para fijar los tornillos en la columna vertebral. Jesús ha superado esta etapa con una entereza que ahora plasma en su libro 'Prisionero del halo. 33 días en la mente y en el corazón'. Su testimonio de gratitud y sinceridad se convierte en un texto reconfortante para quienes atraviesan un proceso de salud similar.
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