Canarias Ahora
Los Cahorros, la Vereda de la Estrella y los Lavaderos de la Reina: itinerarios imprescindibles para recorrer Sierra Nevada en primavera y comienzos del verano Entre desfiladeros, acantilados y ríos: tres rutas fáciles en Asturias para hacer una escapada de senderismo El aumento de las temperaturas ha hecho su trabajo: la nieve es ahora agua. Y el agua baja. No es un descenso fácil, los arroyos tienen que abrirse paso entre el accidentado relieve de Sierra Nevada, cuyos desniveles forman incontables saltos y cascadas. El sol derrite el blanco que antes teñía la montaña por completo, y lo reemplaza por verdes primaverales y grises rocosos. El entorno presenta entonces un escenario idílico para quienes disfrutan de las caminatas largas entre paisajes montañosos, en donde los únicos sonidos son aquellos de la naturaleza: el canto de algún ave, el viento que susurra o el burbujeo de los afluentes. Es la mejor de las épocas para los senderistas, que pueden descubrir todo tipo de paisajes por tiempo limitado: las caprichosas formaciones de calizas y pizarras; las cascadas que solo existen durante algunos meses; el nacimiento de ríos y arroyos; las lagunas de agua de montaña. Pero el parque completo es inabarcable, el Espacio Natural de Sierra Nevada se extiende 1.718,29 kilómetros cuadrados, que se reparten entre las provincias de Granada y Almería. Por esta razón, en este artículo se sugieren tres rutas que permiten explorar la parte más estética del deshielo de este conjunto montañoso. Los Cahorros de Monachil: el desfiladero en el que el río esculpe su propio camino Los Cahorros de Monachil Un sobrecogedor sendero que discurre entre gigantes paredes de caliza, largos puentes colgantes y bosques fluviales. El paso lo marca el río Monachil, que ha excavado en la roca un espectacular desfiladero durante milenios. Se encuentra en las últimas estribaciones de Sierra Nevada, a escasos ocho kilómetros de la ciudad de Granada, factor que facilita su acceso y la convierte en la más frecuentada de toda la sierra andaluza. De las tres rutas, esta es la más accesible. Cuenta con diversas opciones para realizarla, entre las que destacan especialmente dos versiones —ambas pasan por los parajes más espectaculares—. La primera opción es una ruta lineal, cuyo recorrido — entre ida y vuelta— se extiende unos 8 kilómetros con un desnivel que no pasa los 200 metros. Se puede recorrer en un tiempo de aproximadamente tres horas. La segunda opción es un itinerario circular de unos 10 kilómetros y un desnivel acumulado de más de 300 metros. El tiempo para realizar este trayecto asciende a unas cuatro o cinco horas, dependiendo del ritmo y la condición física del caminante. El punto de inicio para ambas rutas es en la pequeña localidad de Monachil, en Granada. La ruta comienza entre la sombra fresca de los árboles y el murmullo constante del río Monachil. A medida que el caminante avanza, el sendero se estrecha entre paredes de roca que custodian el entorno como gigantes milenarios de más de 50 metros de altura, mientras el aroma húmedo de la vegetación envuelve el camino. Llegado un punto, el paso se eleva a más de 15 metros sobre el caudal del río, en puentes colgantes de hasta 60 metros de longitud. En la parte final del itinerario, el desfiladero te abraza con su silencio mineral, antes de decidir si el senderista vuelve sobre sus pasos o sigue hacia la variable circular para obtener otro punto de vista desde las alturas montañosas. Vereda de la Estrella: el antiguo camino de las minas que se abre a las tres cumbres Vereda de la Estrella La Vereda de la Estrella se construyó en 1890 como pista de acceso a las minas de galena y pirita. Con el final de la actividad del tranvía, quedó abandonada, pero fue recuperada como ruta para los senderistas. A día de hoy, su riqueza boscosa y sus imponentes vistas hacia las caras norte del Mulhacén y la Alcazaba, la han convertido en uno de los recorridos más emblemáticos de Sierra Nevada y, sin duda, uno de los más bellos. No es una ruta sencilla. Entre ida y vuelta, el recorrido alcanza 18 kilómetros, con un desnivel acumulado de 800 metros. En este sentido, aunque está clasificada como de dificultad media, sí demanda una condición física buena y una preparación previa. El trayecto se puede realizar en un tiempo estimado de entre seis a siete horas, dependiendo del ritmo. El punto de inicio es el Barranco de San Juan, en Güéjar Sierra (Granada). La Vereda de la Estrella avanza entre el cauce cristalino del río Genil y la sombra fresca de robles y encinas centenarias. El aire huele a tierra húmeda, resina y flores silvestres en un entorno de zarzas y matorrales. A cada paso emergen restos que recuerdan el pasado minero, cubiertos por el tiempo, ocultos entre bosques de ribera y laderas escarpadas. El paisaje alterna la suavidad del verde con el gris áspero de la roca, creando una caminata donde naturaleza e historia se entrelazan constantemente. Lavaderos de la Reina: el anfiteatro glaciar donde el deshielo alcanza su máximo esplendor Lavaderos de la Reina “Si una reina viniera a lavar aquí, ganaría en nobleza”: habría dicho la reina Fabiola de Bélgica sobre este lugar, de acuerdo con la leyenda. A más de 2.500 metros de altitud, un anfiteatro natural de origen glaciar con cimas de alta montaña presenta un entorno natural más propio de latitudes nórdicas que de una región andaluza: chorreras estruendosas, neveros resistentes, prados reverdecidos por la primavera y lagunas heladas. De las tres rutas que se sugieren, los Lavaderos de la Reina es la que presenta mayor dificultad. Son aproximadamente 20 kilómetros de recorrido circular, que llega a acumular un desnivel de hasta 900 metros. La dificultad es alta, por lo que se recomienda realizarla en época de deshielo, cuando además de presentar su cara más estética, es más accesible para el caminante al no haber tanta nieve. El trayecto total supera las ocho horas, por lo que si no se quiere terminar de noche, es mejor iniciarlo temprano. La ruta parte del pueblo granadino de Güéjar Sierra El sendero arranca en las alturas, a más de 2.000 metros. A medida que el caminante asciende, el agua se anuncia antes de verse: el estruendo de las chorreras del arroyo Covatillas crece con cada curva del camino, mientras los prados verdes se abren entre los últimos retazos de nieve. Al alcanzar el anfiteatro glaciar, el paisaje cambia de escala: paredes de roca oscura se cierran en semicírculo, con hilos de agua que descienden por doquier. El regreso transcurre por la Loma de los Cuartos, desde donde la vista abarca las cuatro grandes cumbres de Sierra Nevada y, allí abajo, el circo glaciar completo: una perspectiva que convierte en pequeño todo lo que pareció monumental durante el ascenso.
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