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La ciencia lo confirma: el reguetón activa el cerebro más que la música clásica
COPE

La ciencia lo confirma: el reguetón activa el cerebro más que la música clásica

Durante siglos, la música clásica se ha asociado a la inteligencia y la sofisticación, mientras que el reguetón ha sido percibido como una música más simple y corporal. Sin embargo, la neurociencia ha revelado un dato sorprendente que desafía estas creencias. Según un estudio realizado por expertos de la Universidad de Jyväskylä (Finlandia), la Universidad de La Laguna y el Hospital Universitario de Canarias, el reguetón es el género musical que más partes del cerebro activa, una conclusión que ha ganado relevancia mientras Madrid se convierte en la capital mundial del género con los conciertos de Bad Bunny. El análisis de este fenómeno tuvo lugar en el programa 'La Tarde' de COPE, en el espacio dedicado a la salud mental. Pilar García Muñiz, conversó con el psiquiatra Javier Quintero, jefe de servicio de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Universitario Infanta Leonor de Madrid, para desgranar qué ocurre en nuestro cerebro al escuchar este tipo de música. Javier Quintero explicó que "la música genera una activación del cerebro que no genera ningún otro estímulo". Hizo referencia a una investigación liderada por el neurocirujano canario Jesús Martín, que utilizó resonancia funcional para medir la respuesta cerebral a varios géneros. "Casualmente, efectivamente, es el reguetón la que más cantidad de regiones del cerebro activa", confirmó el psiquiatra. El proceso comienza cuando el sonido, una señal mecánica, se transforma en eléctrica en el oído y viaja a la corteza auditiva, que la distribuye por todo el cerebro para darle sentido, memoria y emoción. Al escuchar una canción que nos gusta, se activan áreas clave como la amígdala, que regula las emociones, y el hipocampo, responsable de la memoria. La conexión de la música con el pasado es tan fuerte que, según Quintero, el cerebro se reactiva de la misma forma que lo hizo años atrás al escuchar una melodía. Aunque llevemos 20 años sin escucharla. Lo más impactante es que no solo se recuerda el sentimiento, sino que se vuelve a experimentar. "No recordamos cómo lo sentíamos, lo volvemos a sentir", afirmó el experto. Este poder explica también el placer de la repetición. El cerebro disfruta anticipando lo que va a ocurrir en una canción conocida, lo que refuerza la conexión neuronal. Quintero lo compara con "plastificar" un recuerdo tal y como hacemos con los libros para conservarlos. El reguetón añade un componente que lo diferencia de otros géneros: el ritmo del 'dembow'. Este patrón rítmico conecta directamente con la corteza motora, generando un impulso casi irrefrenable de moverse. "Es difícil escuchar reguetón y que no se te mueva el pie", señaló Quintero. Además, este género actúa sobre el circuito de recompensa de una manera particular. A diferencia de la música clásica, que puede generar una "descarga de dopamina brutal", como es el final épico del aria "Nessun dorma", el reguetón proporciona constantes "microdosis de dopamina", manteniendo el cerebro en un estado de placer constante, aunque pueda resultar "machacón" con el tiempo, como reconoció el propio Quintero. Finalmente, el factor social es determinante. Quintero recordó que la música es anterior al lenguaje y su función principal es conectar personas. En un concierto, miles de personas saltando al mismo ritmo generan oxitocina, la "hormona del vínculo", lo que refuerza la sensación de pertenencia. Para el psiquiatra, "el reguetón lo que ha hecho ha sido hackear la neurociencia" al combinar todos estos elementos para crear un estímulo placentero y altamente reforzador.

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