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Así ha sido posible replicar el Códice Calixtino en un facsímil que le será entregado al papa León XIV: "Ha sido una obra de arte" | Collector
Así ha sido posible replicar el Códice Calixtino en un facsímil que le será entregado al papa León XIV:
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Así ha sido posible replicar el Códice Calixtino en un facsímil que le será entregado al papa León XIV: "Ha sido una obra de arte"

El Archivo-Biblioteca de la Catedral de Santiago ha presentado una nueva edición facsímil del Códice Calixtino cuyo primer ejemplar será regalado al Papa León XIV "en su momento y en las circunstancias adecuadas", según ha adelantado en la presentación el arzobispo de Santiago, Francisco José Prieto, dejando una pista de que quizás ese momento sea la posible peregrinación a Santiago del Papa el próximo Año Santo "sobre la que mantenemos fundadas esperanzas", ha dicho. Un momento sin duda idóneo para hacerle entrega del facsímil del Códice Calixtino que llevará el nº 1 de una edición de 500 ejemplares y que a un precio de 2.100 euros, se lanzarán al mercado de coleccionistas e institucional que de esta forma, podrán hacerse con una copia prácticamente exacta del original. Pero no una copia de cuando éste fue realizado allá por el siglo XII, se cree que el Códice Calixtino se elaboró entre los años 1.140 y 1.160,   sino que será una copia exacta del Códice tal cual se encuentra casi 900 años después. Es decir, con todo lo que el paso del tiempo ha añadido en forma de oscurecimiento, desgaste y reparaciones realizadas a los siglos sobre una obra que mantiene a día de hoy la espectacularidad y el virtuosismo artístico con los que ya fue realizado en su momento. Dando como resultado una réplica exacta de una las joyas de la Catedral de Santiago que ha sido posible por la colaboración que ha involucrado desde hace un año a la editora INCIPIT MANUSCRIPT EDICIONES y la propia Catedral,  y que logra reflejar el original con una precisión asombrosa. Pero, ¿Cómo ha sido el proceso para llevar a este facsímil del Códice Calixtino que se guarda en la Catedral de Santiago?    Joaquín González Villanueva, editor de Incipit, y Francisco Buílde, canónigo archivero de la Catedral, explican las claves de este complejo proceso artesanal. El punto de partida es la toma fotográfica, un paso que González Villanueva califica de "importantísima". A partir de ahí, comienza la búsqueda de los matices. Según el editor, para este proyecto han sido necesarias hasta cuatro visitas a Santiago con pruebas de color para contrastarlas con el original y asegurar que "la gama pancromática, efectivamente, es la adecuada". Una vez validado el color, la atención se centra en el soporte. La editorial trabaja con la multinacional papelera italiana Federigoni para encontrar papeles especiales que simulan el pergamino o la vitela del manuscrito original. La impresión se realiza en máquinas pancromáticas de ocho colores que, combinando los básicos con otros de apoyo de la escala Pantone, permiten componer hasta 16 millones de tonos. Aunque el verdadero desafío, según González Villanueva, ha sido replicar las imperfecciones que el tiempo ha dejado en el Códice Calixtino. "Este libro, realmente, es muy complicado por el tema de troqueles, está lleno de agujeros los que tiene el original, o de pegatinas cuando se han roto", explica. El facsímil reproduce cada parche, cada rotura y cada mancha. El resultado es que en la réplica, "no hay ninguna hoja igual a la otra", afirma el editor. Cada folio tiene las ondulaciones del pergamino y un envejecimiento aplicado a base de lija para imitar el estado actual del manuscrito. Este nivel de detalle es lo que, para el canónigo Francisco Buílde, distingue lo real de lo sintético: "Estos folios del final, que cada cual ha sufrido una historia, que fueron añadidos, que son distintos, que están manchados, reproducir esto ha sido una obra de arte vuestra". La encuadernación es también una labor puramente manual. Se utilizan cáñamos naturales y se cose en bastidores, respetando las nervaduras y distancias del original para que el resultado sea, en palabras de González Villanueva, "exactamente el factor símil, lo que es igual al original". El proyecto, que comenzó entre julio y agosto, ya ha dado sus primeros frutos con la finalización de unas 40 o 50 unidades. Francisco Buílde contextualiza el valor del original, explicando que era un libro "de batalla, entre comillas", a diferencia de otras copias posteriores, como las de Salamanca y Roma, hechas en un pergamino de mayor calidad "porque querían regalarlo". Para Joaquín González Villanueva, la creación de un facsímil de esta calidad cumple una función esencial. Las bibliotecas, como la de El Escorial, exigen una "perfecta reproducción" para poder proteger el manuscrito original y retirarlo de la consulta directa. De este modo, el facsímil se convierte en la herramienta de trabajo para los investigadores, un "libro para usar", como apostilla Buílde, garantizando la conservación del patrimonio sin renunciar a su estudio.

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