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Boris y Rosa: "Mientras la mayoría de nuestra quinta estaba pensando en salir de fiesta, veníamos aquí a construir lo que hoy es mi hogar" | Collector
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Boris y Rosa: "Mientras la mayoría de nuestra quinta estaba pensando en salir de fiesta, veníamos aquí a construir lo que hoy es mi hogar"

En una finca que llevaba años abandonada, Boris y Rosa han levantado con sus propias manos un hogar que es el reflejo de una vida soñada. Durante más de 16 años, esta pareja ha transformado un terreno de zarzas en un proyecto de vida basado en la permacultura y la autosuficiencia, donde viven desde hace cinco años junto a su hijo Riu. Su historia es un testimonio de que con "esfuerzo, cariño y motivación" es posible crear un modo de vida alternativo y sostenible. El proyecto, que ahora abren al público a través de talleres y redes sociales bajo el nombre 'Permacultura por la tierra', es un compendio de técnicas de bioconstrucción. La filosofía de la permacultura lo abarca todo, desde el diseño de la vivienda aprovechando la luz solar hasta la gestión de residuos o la crianza. "No es solo cómo haces un huerto o cómo construyes, sino cómo vives tu día a día", explica Rosa, para quien este enfoque integral incluye la alimentación, la salud y la educación. La joya inicial del proyecto es la 'Casa de la Seta', una bioconstrucción que sirvió como piloto para experimentar. Boris la levantó hace casi 15 años con la ayuda de amigos, movido por una visión que se apartaba de lo convencional para su edad. "Cuando eres tan joven, a los 20 años, la mayoría de mi quinta estaba pensando en salir de fiesta, y yo venía aquí a hacer mi juego de niños", recuerda. Esta primera cabaña es un ejemplo radical de sostenibilidad. Las paredes se levantaron con la misma tierra extraída del suelo, y prácticamente todos los elementos son reciclados. "Toda esta bioconstrucción no me he gastado ni un euro", afirma Boris. Incluso la lona que impermeabiliza el techo vivo de la cabaña procede de un camión que encontró en la carretera, y sigue intacta, sin goteras ni humedades. La finca, de unos 7.000 metros cuadrados, funciona de manera completamente autónoma, sin conexión a la red eléctrica ni de agua. La electricidad la obtienen de placas solares y el agua, de un pozo que cavó el antiguo propietario. Este sistema les permite cubrir todas sus necesidades, desde la lavadora, que tienen en el exterior, hasta el agua caliente. "No nos llega ningún cable ni tubo ni nada", señalan. La alimentación es otro de los pilares de su autosuficiencia. Cultivan sus propios alimentos en huertos orgánicos elevados, una técnica que aprovecha la materia orgánica de las podas para nutrir la tierra. Tienen gallinas que les proporcionan huevos y forman parte de los "círculos de permacultura" que Boris se esfuerza en aplicar, donde cada elemento tiene una función y se relaciona con los demás de forma eficiente. Su vivienda actual es una construcción híbrida que combina termoarcilla con revoques de barro y un techo vivo, diseñada con espacios diáfanos para facilitar la crianza de su hijo. Para Rosa, la cocina es "un pilar base de la familia", donde elaboran sus alimentos desde cero. La casa está llena de detalles personales, como los cuarzos enterrados en las esquinas para crear una "cúpula protectora" o las paredes de adobe hechas a mano. La crianza de Riu está profundamente ligada a este entorno. El niño crece descalzo, en contacto directo con la naturaleza. Aprendiendo los ciclos de las estaciones y normalizando procesos como la vida y la muerte de los animales. "Me parece que está todo al revés", reflexiona Rosa sobre el sistema convencional. Mientras,  defiende su estilo de vida como "lo natural, lo sencillo, lo normal", una visión que, aseguran, cada vez comparte más gente que busca una alternativa al ritmo de vida actual.

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