ABC
Hay codazos por entrar en la casita de Bad Bunny y por estar más cerca del Papa en los actos multitudinarios que empiezan mañana en Madrid. Si uno lo piensa, el mundo siempre ha funcionado como una gigantesca sala vip. En la casita de Bad Bunny arrimaban la cebolleta, junto al andrajoso cantante, miembros de la flor y nata, la élite del mundo con sus muslos y sus cartillas bancarias. Sobre el escenario del ídolo de la izquierda perreaban señoras magníficas y herederas, y yo echaba de menos algún alegato contra la tiranía estética de la talla 38, la violencia del canon y esas milicianas modernas de las batucadas, con el pelo de colores, la axila insurgente y un brazo... Ver Más
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