Cope Zaragoza
Pablo Rivas Ni Zapatero se atrevió a tanto. Prolongar la edad de jubilación más allá de los sesenta y siete era ya excesivo. Se plantaron en esa cifra. Si el expresidente hubiese sido apoderado/empresario, seguramente se hubiera alargado la cosa. Son precisamente sesenta y siete los años de alternativa que suma la terna de esta tarde. Y los que les quedan… Sebastián Castella, Miguel Ángel Perera y Daniel Luque. Ya no vale la excusa de que son los que llenan. Un generoso tercio de plaza. Y si les das a elegir, se hubieran ido a la feria. La inercia suele beneficiar a la taquilla. ¿Cómo no vamos a ir si tenemos cuatro festejos al año? El encierro de Domingo Hernández tampoco permitió nada. Mostró falta de fuerzas y mucho genio que se tradujo en falta de opciones. Llegaba Castella después de lo sucedido en Madrid. Alguien podría albergar algo de esperanza. Duraría poco. En su primero, se topó con un animal muy suelto de inicio. En las chicuelinas le sorprendió, le encunó entre los pitones y lo levantó varios palmos del suelo. El animal tenía un comportamiento muy irregular. Unas veces embestía con todo y a trompicones y otras lo hacía con codicia y humillación. Por el izquierdo tenía más viveza. Castella decidió sobarlo con su muleta en una faena de tropecientos pases pero de escaso contenido. Le llegó a sonar un aviso y la estocada después se fue baja. El regalo fue la oreja concedida. Las rebajas granadinas continuaron en el cuarto. Empujó mucho en varas pero la clase que parecía tener se fue diluyendo poco a poco por su falta de fuerzas. Lo mejor de la faena fue el inicio por bajo. Después, el trasteo careció de emoción y de contenido. Sin sentido que un torero pueda irse a hombros cuando prácticamente estuvo inédito. Miguel Ángel Perera, triunfador del Corpus 2025, sorteó un lote que no permitió mostrar nada. El segundo de la tarde fue de embestida descompuesta y tremendamente sosa. No transmitió nada. Estocada baja y tendida y descabelló a la primera después de que el puntillero lo levantara. Aviso y palmas. El quinto batió récord. Probablemente de los animales que más han pesado en la romana del Coso del Doctor Oloriz, 620 kilos que tampoco se le notaron en exceso. Empujó en el caballo aunque haciendo sonar el estribo. En la muleta, de escasísimo fondo. La tarde se ponía cuesta arriba. Comenzaron pitándole al animal y acabaron pitándole a Perera después de errar una y otra vez con la espada. Daniel Luque fue recibido en Granada de la peor manera posible. Desplegó su capote y en el primer recibo el toro se le vino al pecho. El calamocheo no paraba en los capotes de la cuadrilla. Tras un lucido tercio de banderillas, en la franela se vencía siempre hacia dentro. Quiso corregirlo con mando pero por el izquierdo era imposible. Sabía siempre lo que se dejaba atrás. Genio, que no casta era su condición. La serie más lograda fue la última con la derecha en la que logró pulcritud. Feo gesto el entrar a descabellar sin haber dejado ninguna estocada, tan solo dos pinchazos. En el último Luque quiso lucirse con la capa pero el animal tampoco se lo permitió. Después desarmaría al caballo. Cuando se quedó solo con el matador, se dejó algo más que sus hermanos y permitió la ligazón. La faena, muy larga pero de escasa emoción. La único lúcido fue la luquecina. La suerte más horrorosa de todas cuantas haya. Fue lo único aplaudido. La estocada cayó trasera. La triunfadora de la tarde, la presidenta que aguantó una seria petición del segundo trofeo. Tarde aburrida para olvidar. En realidad ya lo hemos hecho.
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