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Arnau, un joven de 24 años, decidió cambiar radicalmente de vida. A los 18, dejó su vida en Barcelona para mudarse solo a una casa familiar en el campo y construir su sueño: vivir de sus animales y del entorno. La decisión llegó tras sentirse "superdesganado, sin ganas de hacer nada" en la ciudad, una apatía que contrastaba con la energía que sentía durante los fines de semana en el campo. “Me gustaba mucho más lo que hacía el fin de semana que lo que hacía durante toda la semana”, explica Arnau en su canal @Arnau-Serrado. Este sentimiento lo impulsó a iniciar una nueva vida en el entorno rural, donde ha desarrollado varios proyectos personales y profesionales, incluyendo la caza, un huerto y una granja. Aunque no se considera 100% autosuficiente, Arnau afirma que podría serlo si decidiera consumir únicamente lo que produce. “Podría vivir y prosperar perfectamente aquí en la montaña, tanto yo como mi familia”, asegura. Su alimentación se basa en los vegetales de su huerto, la carne “ilimitada” que obtiene de la caza de forma legal, y los pollos y huevos de sus propias gallinas y patos. La caza es una de sus pasiones y una pieza clave de su autosuficiencia. De los ciervos que caza aprovecha prácticamente todo: la carne, con la que elabora hamburguesas, longanizas y fuets; la piel, que curte con un método tradicional usando el cerebro del animal para hacer alfombras o bolsos; y los cuernos, que utiliza como decoración. “El resultado es impresionante, porque es un animal que te puede durar carne para meses”, comenta. Su modelo se extiende a otros recursos. Se calienta con leña que recoge de árboles caídos en el bosque, una práctica que también ayuda a prevenir incendios. La energía eléctrica la obtiene de placas solares y, para beber, recoge agua de una fuente natural en garrafas de cristal para evitar el cloro y los microplásticos, una costumbre que aprendió de los mayores del pueblo. El principal negocio de Arnau es una granja de conejos que gestiona con la ayuda de las redes sociales. Admite que sin su presencia en plataformas como Instagram, el proyecto no sería viable. “Si no tuviera redes, este negocio no funcionaría, porque nadie conocería el proyecto o me compraría muy poca gente”, reconoce. Su enfoque en la granja es el bienestar animal. Los conejos viven en grupos, con espacio y acceso al sol, socializando entre ellos. “Mi mayor sueño de pequeña era tener un conejito”, confiesa Arnau, quien lleva 14 años criando estos animales. Su objetivo es ofrecerles los mejores cuidados y “que puedan vivir la mejor vida posible hasta que se vayan a su nueva casa”. Para Arnau, la clave de este estilo de vida es el tiempo. Considera que un trabajo convencional con horarios fijos sería incompatible con todas las tareas que realiza: cazar, procesar la carne, cuidar de los animales, mantener el huerto y recoger leña. Por ello, defiende la importancia de tener un negocio propio que le permita gestionar su tiempo y generar los ingresos necesarios para ser libre. Arnau contrapone la vitalidad y energía que le da el campo con la sensación de apatía que experimentaba en la ciudad, donde se sentía como “un zombie”. Valora la tranquilidad, el silencio y el contacto directo con la naturaleza, lejos del “cemento, el ruido y la gente estresada” de la urbe. Su estilo de vida es también una declaración de principios sobre la alimentación. Arnau defiende su modelo frente al vegetarianismo o veganismo. “No me haría vegetariano ni vegano porque, incluso en la agricultura ecológica más pura, se usan químicos, pesticidas y herbicidas”, argumenta. Prefiere criar él mismo a los animales que consume o cazarlos en libertad. Aunque reconoce que sacrificar un animal que ha criado “da pena”, lo prefiere antes que “hacerme el loco” y comprar la comida en el supermercado. Para él, asumir todo el proceso es una forma de coherencia. “Creo que es lo más sano lo que estoy haciendo y lo más ético, y sin duda lo seguiré haciendo para siempre si no cambia nada”, concluye.
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