COPE
La historia de Fall es la de un viaje de siete días en una patera de 12 metros junto a otras 60 personas. Siete días, de los cuales los cinco últimos fueron sin comer y los cuatro últimos sin beber agua. Una travesía en la que seis de sus compañeros murieron de hambre, sed o hipotermia. Una historia recogida en 'Canarias. El final de un viaje', el tercer episodio del podcast especial que ha elaborado COPE, 'La Misión de León XIV' con motivo de la visita del Pontífice a nuestro país. "Era duro, porque donde hay gente muerta no es un camino fácil, hay gente muriendo a tu lado", recuerda Fall. El protocolo era tan sencillo como desolador: rezar una oración y lanzar el cuerpo por la borda. Fall, senegalés de 30 años, se embarcó en esta odisea con 24, dejando atrás a su madre y a sus dos hijos. Partió desde Endivú (Mauritania), en lo que era su segundo intento por alcanzar las costas españolas. El primero había terminado con varios días a la deriva, sin gasóleo y con solo 20 litros de agua, hasta que un pesquero turco los rescató. "Estaba arrepentido porque cogía esta patera", confiesa sobre aquel momento. El regreso a su pueblo en Senegal no fue fácil. Lejos de encontrar consuelo, se topó con la burla de sus vecinos por no haber logrado su "sueño". "Se reían de mí, me llamaban español", explica. Ese escarnio fue el impulso definitivo para volver a intentarlo, una determinación que resumió en una frase contundente: "Voy a intentarlo otra vez. Si me muero, nadie me va a apurar más". En su segundo viaje, la muerte volvió a estar presente. Seis compañeros perdieron la vida, entre ellos un amigo que viajaba a su lado y al que creyó dormido. Al amanecer del séptimo día, cuando la esperanza se agotaba, una silueta naranja apareció en el horizonte. Era un barco de Salvamento Marítimo que les rescató a 100 millas de la costa y les llevó al puerto de Arguineguín (Gran Canaria). En Arguineguín, la vida de Fall cambió gracias a la acogida de una familia. Fermina, a quien él llama "mamá Fermina", le abrió las puertas de su casa. En la parroquia del pueblo aprendió a leer y escribir, y fue desde allí donde, de su puño y letra, escribió una carta al papa Francisco. En ella, le relató su historia: la salida de Senegal, la dureza del viaje, la muerte de sus compañeros, el rescate y la generosidad de su familia de acogida. Fall sabe que el pontífice leyó su carta a través de una amiga con contactos en el Vaticano. Francisco expresó públicamente su deseo de visitar Canarias, un viaje que no pudo realizar antes de fallecer. Ahora, Fall siente que la inminente visita del Papa León XIV a Arguineguín es, en parte, una respuesta a aquella misiva. La historia de Fall es un reflejo de la compleja realidad migratoria en la que la Iglesia Católica está presente en todo el camino. Desde el origen, con misioneras como Rosa, que acoge en Ousda (Marruecos) a quienes llegan del desierto, hasta el destino, con iniciativas como el proyecto BOZA del claretiano José Antonio Benítez, que acompaña en prisión a los acusados de ser patrones de patera. Uno de ellos es Mamadu, un pescador de Mali que cumple condena por capitanear una patera. Aceptó el encargo de la mafia para no pagar los 2.500 euros del viaje. "Yo soy culpable, yo soy capitán", admite, pero diferencia su rol del de los mafiosos: "Los patrones nunca vienen". A pesar de estar en prisión, agradece a España y sueña con ser traductor para Cruz Roja o los juzgados. Seis años después de su llegada, Fall trabaja como ayudante de cocina en un restaurante de Arguineguín. Su primer sueldo se lo ofreció a Fermina, pero ella lo rechazó. Su historia de supervivencia y esperanza convive con el dolor por la desaparición de su hermano pequeño, que intentó seguir sus pasos y cuyo rastro se perdió en el Atlántico. "Hasta hoy, no sabemos, ya sabemos que está muerto, pero no vamos a ver su cuerpo", lamenta.
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