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Con Benavente, hasta el infinito y más allá
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Con Benavente, hasta el infinito y más allá

“Hay un amigo en mí / hay un amigo en mí / cuando eches a volar / y tal vez añores tu dulce hogar / lo que te digo debes recordar / sí, hay un amigo en mí”, cantaban en Toy Story el Sheriff Woody, Buzz Lightyear, Mr. Potato y todos los demás protagonistas de esta maravillosa película. La amistad, ay, la amistad. Pérez-Reverte, que guarda en la mochila miles de historias que recorren sus cicatrices, cuenta: “Si un amigo me llama para enterrar un cadáver, voy sin preguntar qué ha pasado. Eso es la amistad para mí”. Esa amistad, oculta tras cientos de querellas e insultos como “eres un mierda”, “delincuente” o “presidiario”, ha irrumpido con fuerza cuando alguien ha hecho peligrar los más de 3.000 pavos a los que se cotiza la acción del Sevilla. Cuando Sergio Ramos los puso en apuros, en una larga y complicada negociación que los máximos accionistas han estirado porque no tenían otra cosa, porque vieron brillar el metal (a ver si este Sergio era el tonto de las estampitas de Toni Leblanc) y porque así tenían entretenidos (e ilusionados) a los aficionados con la venta, no hubo dudas: la amistad por encima de las querellas. Con Del Nido Benavente hasta el infinito y más allá. “Juntos como hermanos, miembros de la Iglesia, vamos caminando a firmar un comunicado… la, la, la”... Otra vez, la figura de Sergio Ramos ha servido para contar medias verdades. Ocurrió con su venta, cuando se mintió para ocultar movimientos oscuros y una operación bien pactada con Don Florentino. Y ha sucedido ahora, para acusarlo de haber estado haciendo perder el tiempo a todos con una oferta fantasma. El lío les interesaba antes de jugársela e ir a la notaría, vaya a ser que el dinero estuviera de verdad y se vieran obligados a vender, cuya intención es cada día más sospechosa. Después se anunció una venta exprés, como esos supermercados a los que acudes el domingo por la mañana para hacerte con el arroz que se te olvidó comprar cuando tenías preparado el resto de los avíos. El proceso de venta, con precios inflados y con pretendientes desconocidos, es un circo montado precisamente para que no haya venta, pero sí para tener al personal agarrado a ese clavo ardiendo. Y ahora aparece otra alternativa: la inyección de dinero a cambio de las llaves del club. Es decir, que con una inversión de 60 u 80 millones de euros, Castro se marcharía a Utrera a dar paseos con el hermano Sierra, Benavente se pondría a preparar otro maratón, Carolina Alés cedería el capital bien heredado y ganado por su padre, y los Carrión se pondrían a montar una cofradía, mientras que Antonio Lappi y Fede Quintero se hacen con el poder para hacer y deshacer sin un paquete mayoritario y con una futura promesa de compra de acciones. ¿No quedamos en que eso era engañar? Lappi y Quintero, dos exitosos empresarios y sevillistas, siempre fueron una interesante alternativa, pero los ningunearon. ¿Y ahora los reciben? Su afán por ayudar al Sevilla es radicalmentre contrario al apagón total que han sufrido los máximos accionistas y a su desencuentro con la realidad y el fracaso. Y es en este atasco cuando aparece planeando Del Nido Benavente al más puro estilo de Buzz Lightyear. El espíritu del Sheriff Woody no permitirá que nadie se quede atrás. ¿Y si la solución pasa por el regreso de Don José María?.. Para eso están los amigos. Ya saben: “Hay un amigo en mí / hay un amigo en mí / cuando eches a volar / y tal vez añores tu dulce hogar / lo que te digo debes recordar / sí, hay un amigo en mí”.

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