La Opinión de Murcia
Ahora que se acerca el final del curso, me detengo sobre la idea de que la infancia está hecha de diminutas conquistas. No hay diplomas ni trofeos que certifiquen su importancia ni fotografías oficiales que las inmortalicen. Suceden en silencio, casi siempre entre la rutina y las prisas. Los niños, sin saberlo, construyen con estos pequeños gestos los cimientos de quienes serán algún día.
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