La Opinión de Murcia
El miércoles, la princesa Leonor dedicó el día a recibir honores. Yo no he sido nunca princesa, ni siquiera príncipe, pero imagino que, aunque lo de que te den medallas y colgantes sea una cosa buena y un detalle de agradecer, todo eso trae consigo extensos actos, largos discursos de políticos muy crecidos ante la ocasión de fotografiarse con la futura reina y colocar la foto del evento en un marco encima de la mesa del recibidor de su casa; y también mucho estrechamiento de mano más o menos sudorosa, una memorización intensa de quién es quién en cada contexto, porque no vaya a ser que confundas a un alcalde con otro, que los hay muy parecidos. Luego está lo de saludar al pueblo que se pone allí con las banderas manifestando su alegría y su cariño, que debe dar gusto que te aclamen, pero es mucho saludo. Vi en la tele a dos señoras que decían que les había dado la mano la princesa y que no pensaban lavársela. Todo muy bonito, pero creo yo que algo cansado para la joven princesa, que, además, iba de uniforme de aviación y hacía un calor de tres pares.
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