El Comercio
En campaña electoral, el lenguaje adquiere una maleabilidad peculiar. Palabras como ‘moderación’, ‘amplitud’ o ‘convergencia’ circulan con una generosidad que invita a la sospecha. Cuando un partido o candidato anuncia que ha moderado su discurso para convocar a más ciudadanos, cabe preguntarse si estamos ante una evolución genuina de pensamiento o ante el ajuste táctico de quien sabe que su agenda real no resistiría el escrutinio del electorado. Si una posición política solo puede ser presentada con matices para resultar aceptable, todo indica que los matices son el disfraz, no la sustancia.
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