La Opinión de Málaga
Suenan los primeros acordes de la canción. Las miradas se cruzan emocionadas entre el humo en un restaurante bullicioso de Beirut. Se trata de Enta Omri, de la icónica cantante egipcia Umm Kalthoum. Los pies se elevan del suelo. Las caderas empiezan a vibrar. Los torsos se elevan con delicadeza. Cuando la voz de la egipcia domina los instrumentos, los comensales ralentizan sus movimientos al compás. No importa que nadie nunca haya tomado clases. En el Líbano, todo el mundo sabe bailar. Hombres y mujeres se mueven sin vergüenza. Jóvenes y mayores acarician el aire con sus movimientos. Aunque históricamente Egipto ha sido la cuna, la escuela y el escenario de la danza oriental, cada vez más el país de los cedros reivindica su espacio en la industria. En su capital convergen todos los esfuerzos.
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