La Opinión de Murcia
Cartagena siempre supo guardar sus secretos mejor que nadie. Una ciudad que enterró flotas, imperios y crisis industriales sin perder del todo la compostura. Pero hay pérdidas que no vienen en los libros de historia y que duelen de otra manera: las de los sitios donde uno era joven, donde la noche no tenía hora de cierre y donde el barman te conocía por el nombre antes de que abrieras la boca. Bares que un día bajaron la persiana y se llevaron consigo algo que no tiene repuesto. Estos son algunos de ellos.
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