Collector
El freno al vapeo | Collector
El freno al vapeo
CORDÓPOLIS

El freno al vapeo

Letizia, la reina, la periodista, la mujer que se sabe influyente, vuelve a alertar sobre el número de adolescentes y jóvenes que se enganchan al vapeo y a la nicotina. Así, en el reciente Día Mundial sin Tabaco, ha hablado con énfasis y rotundidad, sobre los males de esta adicción, situándola en la diana. No valen tibiezas o falta de visión estratégica con la extensión de la población vapeadora. Tampoco ante el horizonte de nuevas, potentísimas y letales drogas, ya presentes en EE.UU. y en laboratorios de sofisticada química criminal. Un objetivo de país, europeo, mundial es vencer definitivamente a la nicotina, esa droga especialista en ser echada en falta, ansiada hasta la siguiente calada. Otra cosa no hace. Es sosísima como pocas. O eso me parece ahora. El convincente, enérgico y argumentado discurso de Letizia, cuya urgencia es incuestionable, hemos podido seguirlo por las redes. Necesitamos frenar el fumar y los vapeadores y la muy adictiva sustancia del tabaco en sus viejas y nuevas formas: desde el cigarrillo o el piti liado hasta las bolsitas o pastillas que parecen caramelos. La sociedad española y los poderes públicos, el tejido económico y las empresas y, sobre todo, la propia gente jovencísima, deben actuar para frenar la expansión de algo que comienza como la moda de inhalar y exhalar vapor aromatizado y que está terminando con chicas y chicos, de 16 años y de aún menor edad, con los pulmones y la capacidad respiratoria dañados. Se padece ansiedad por el síndrome de abstinencia. Se sufre la angustia de no saber, al principio, cómo, dónde y con qué ayuda quitarse de ese hábito relativamente asequible que relajaba y estaba guapo. Es fácil saber todo esto si hemos andado en ello; personalmente lo sé en calidad de exfumadora de la generación X: la adicción a fumar o a un dispositivo para vapear establece esa cadena que atrapa, que pone mil trampas para que veamos imposible dejarlo, que quita la salud y resta libertad. No son sermones. Ni exageraciones. Hoy, grandes grupos económicos se enriquecen con el vapor con sabor a frutas que acaba por amargar la fiesta y la saludable sonrisa de dientes habitualmente perfectos de la nueva chavalería criada al amor de la medicina odontológica y las ortodoncias. España y el resto de países europeos tienen que organizarse para proteger a la población, especialmente a sus capas jóvenes, de los riesgos de las nuevas formas de adicción a la nicotina y los distintos sistemas de vapeo. La ciencia está alertando de la toxicidad de las partículas que se inhalan en los llamados pfuffs . Aquí no hay lobistas que valgan. Ni gigantes económicos a los que guardarles el aire. Ya pueden ser fondos supremos del capitalismo global o santos grupos de rancio abolengo. Porque, si una actividad es nociva para la sociedad, no se puede amparar bajo la lavada de manos que es poner cartelitos de advertencia y la invitación a un uso responsable de la cosa, ya sea juego en casinos, con bebidas gratis y climatización, o la secreta privacidad de la pantalla del teléfono asediada de junglas de ludopatías. Dicen los estudios sobre la incidencia del vapeo entre la población joven que el conocimiento de los daños que causa, que se conocen, no basta para la prevención. Sabemos que es perjudicial y lo hacemos. Lo incluimos en nuestras vidas a pesar de los pesares, y luego sufrimos de vernos atrapados . Así, puede que el freno a vapear pase por ofrecer recursos accesibles, personalizados, constantes, a quienes quieran desligarse del vapeo y de la nicotina, a quienes tengan problemas de adicción y daño respiratorio. De cualquier forma, quizás la palanca que cambie la tendencia o el curso de los acontecimientos, no esté tanto en una regulación y una acción preventivas eficaces que eviten el acceso a adicciones bien conocidas o innovadoras -que son imprescindibles-, sino en forjar una auténtica armadura de recursos para la autoprotección y curación en cada persona. Este país tiene que pisar el freno al bólido que está erosionando las oportunidades y las condiciones de vida, la salud física y mental, los derechos, el ascensor social y las esperanzas de sus jóvenes. La gente adulta y madura observamos un cacareo hueco en las esferas con responsabilidad: se dice que se va a hacer, que se implementa esto y lo de más allá. El Estado parece blindar su responsabilidad con cuatro campañitas preventivas, pero qué cosas se hacen al final y cuáles de las que se realizan y se ponen en pie sirven verdaderamente. La sensación, algo triste, es que mandan los mercados, don dinero, doña recaudación tributaría vía actividad económica, los espacios para hacer negocio, el movimiento eterno de la economía, que hoy vende vapeadores y en un futuro curas regenerativas de tejido pulmonar, y quien no llegue a ellas vivirá respirando mal y con dificultades para encontrar empleo y tratamiento. Son la adolescencia y la juventud las que mejor y más firmemente tienen que frenar el vapeo y acelerar el pensamiento crítico . Existen mil comunidades en las redes sociales y en el mundo analógico que divulgan y advierten y apoyan a quienes van a salir de esto como antes otras personas dijimos ciao, ciao a los cigarrillos. Recuerdo, de aquellos días de desintoxicación y deshabituación, un libro que me sirvió de veras, del legendario Allen Carr; la lectura algo masoquista de La conciencia de Zeno , aquel hombre que no lograba dejar de fumar y sufría lo indecible por ello, y un imaginarme feliz y escribiendo sin bloqueos después de haber cerrado la puerta, las vías respiratorias y el cerebro a la muy adhesiva nicotina.

Go to News Site