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Alzar la mirada ha pasado a ser una necesidad este sábado para los cientos de miles de jóvenes que querían ver a León XIV en la plaza de Lima, sobre todo a los que le esperaban desde las partes más lejanas del paseo de la Castellana, a casi kilómetro y medio del escenario donde se encontraba el Papa. En una larga espera de horas, el entretenimiento llegaba desde la escena, en forma de actuaciones musicales , vídeos motivadores y hasta el rezo del rosario, en una versión actualizada que, entre cuenta y cuenta, intercalaba además testimonios personales. El Papa ha desafiado a unos 500.000 jóvenes y adolescentes a ser como la «chispa» que encienda «una humanidad nueva» y contrarresten el «vacío de la indiferencia y del conformismo, la violencia de la guerra y de la mentira». Durante una hora y media, mientras anochecía en Madrid y se iluminaban los rascacielos de AZCA, el Papa ha rezado con ellos, ha escuchado sus historias, reído sus bromas y respondido sus preguntas. «Sed humanos de carne y hueso y no apariencias» , les ha urgido. Y les ha encomendado una alta misión: «Vosotros podéis cambiar la Historia». El lugar elegido, la Plaza de Lima ha sido un guiño a los 22 años que el Pontífice ha transcurrido en Perú en varias etapas de su vida, pues a esta zona permanece la herencia hispana en América en los nombres de calles y plazas que estrechan lazos culturales con toda Hispanoamérica. Allí se ha alzado un imponente escenario enmarcado por el Santiago Bernabéu, el Palacio de Congresos y Torre Europa, con todos los jóvenes ubicados a lo largo de la Castellana. A las 20:30, cuando los últimos rayos de sol intentaban colarse entre los rascacielos para abrazar la plaza, dos jóvenes presentadores han alzado la voz. «Os tenemos que dar una noticia, el Papa ya está aquí», han anunciado Cientos de metros atrás, se alzaba un clamor nervioso. «Lo que hemos hecho esta tarde ha sido para prepararnos para lo que va a pasar ahora», han explicado. El trayecto en papamóvil ha durado unos 20 minutos, suficientes para que pudiera estrechar cientos de manos y bendecir decenas de niños. Era el momento en que los jóvenes podían tener cerca, al menos por unos segundos, al Santo Padre. El encuentro ha sido diseñado por jóvenes de la capital. El arzobispo José Cobo reunió a un centenar de ellos en febrero para pedirles ideas sobre cómo debía ser este encuentro. Al final, las dos propuestas más repetidas fueron por un lado organizar una conversación con el Papa para plantearle sus preocupaciones, y por otro, incluir un encuentro litúrgico de adoración eucarística. La fórmula clásica de las vigilias en las Jornadas Mundiales de la Juventud. Entre esos dos polos, la palabra y la música frente al silencio y la adoración, ha girado el encuentro. Desde la hora de comer, estoicamente bajo el sol, los jóvenes han comenzado a ocupar sectores asignados en la zona, y a las siete de la tarde muchos seguían haciendo fila para hacerse hueco. A las seis se encendieron los altavoces y comenzó la música y el rezo del rosario, alternado con testimonios. Cuando el Papa se ha bajado del papamóvil, a pie de escenario le esperaban treinta jóvenes precedidos de una cruz, que han subido al escenario rodeando al Papa. La idea era simbólicamente caminar juntos para comprender cómo la Iglesia católica ayuda a los jóvenes a abordar sus inquietudes y sus dudas, y qué se espera de ellos León XIV. El Papa ha subido las escaleras de su escenario y en lugar de sentarse donde estaba previsto se ha acercado hasta el coro de más de 200 voces para escucharles de cerca y darles las gracias. Después, se ha detenido unos segundos a mirar la multitud de personas que habían acudido. «Santo Padre, esta es la juventud de Jesucristo, la juventud del Papa», le ha dicho emocionado el arzobispo de Madrid, José Cobo. El cardenal ha explicado entonces que la idea de este encuentro era ayudar a «alzar la mirada para no quedar encerrados en lo inmediato ni en la desesperanza» y que cada participante regrese a casa la cuestión de 'para quién es tu vida'». Los ha presentado como «jóvenes que buscan sentido y están en los procesos de iniciación y formación cristiana» y otros que «atraviesan momentos de sufrimiento, migrantes que traen consigo historias de lucha y esperanza, jóvenes tocados por la precariedad, o la soledad». Para desdramatizar, ha comenzado con tres escenas del musical 'Godspell', sobre la historia de un grupo de jóvenes marginados en una metrópolis y que crean una comunidad que representa parábolas, guiados por Jesús. La idea era que las divisiones que marcan el mundo, como resultado de guerras y rivalidades. Esta ha dado el tono a las preguntas que a continuación le iban a plantear. No fueron cuestiones improvisadas. Surgieron a raíz de una consulta también en redes sociales durante la que recogieron propuestas de jóvenes y adolescentes que asisten a actividades de la Iglesia en Madrid. Tenían curiosidad por saber qué sintió cuando fue elegido Papa , qué grandes personajes le han ayudado a crecer en su vida cristiana, pero también le han pedido consejo sobre cómo reconocer la voz de Dios en el mundo actual, cómo ayudar a quienes quieren descubrir la fe, y cómo comprometerse para el bien de la sociedad. «Gracias por estar aquí, y gracias por compartir la fe con toda Madrid y con toda España», les ha saludado el Papa antes de comenzar. Le escuchaban interesados en silencio, divertidos con el español con acento americano con el que habla el Papa. Mirándoles, les ha asegurado que serán libres, si viven «como una persona que disfruta de la vida en su interior, sin esperar que el gusto se lo den la riqueza, el placer o el poder». «Esta es nuestra libertad, que tiene su fuente en la fe, que es capaz de dar luz y buen sabor a toda sociedad, a toda experiencia humana», ha explicado. «Ante el vacío de la indiferencia y del conformismo, ante la violencia de la guerra y de la mentira, sed vosotros mismos chispa de una humanidad nueva», les ha desafiado. «La misión que os confío es precisamente ésta: que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella, como del pan de cada día. Personas que desean una vida honesta y recta, porque gustosamente hacen a los demás lo que querrían que los demás hicieran con ellas». León XIV ha sido valiente, pues después de todo lo que han gritado y cantado por la tarde, les ha propuesto cultivar el gusto por el «silencio, que favorece la atención y el recogimiento» . «Muchas veces vamos con la música, con los auriculares, y no tenemos la experiencia del silencio, y es en esas ocasiones que nos habla Dios», ha asegurado. «Cuando buscamos el silencio, decidimos qué no escuchar y de qué ruidos no dejarnos distraer. Al liberarnos del estruendo de mil voces, reconocemos que algunas engañan nuestros deseos, otras nos compran sin alimentarnos, otras hablan por interés», les ha explicado. Sobre todo, ha añadido, «en el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece» y «es importante buscar la verdad, pues muchas cosas en las redes nos engañan, nos cuentan mentiras. Dios es verdad, y si lleva lejos de Dios no es verdad, es mentira». En otra respuesta, ha dicho que el mejor modo de ayudar a los que desean conocer la fe es la «coherencia de vida». «Los rostros de esposos y padres apasionados, de sacerdotes sabios, de religiosos y religiosas entregados a Dios para servir al prójimo no brillan en una idea, sino en la santidad de una vida puesta a prueba», ha detallado. También les ha sugerido dejarse guiar por «ejemplos de vida buena, que resulten atractivos tanto para vosotros como para los demás». «Os digo, no tengáis miedo a seguir vuestra vocación a la vida sacerdotal, a la vida religiosa o a otras vocaciones de servicio a la Iglesia», ha improvisado, en uno de los pocos puntos en los que se ha salido del discurso que llevaba preparado. Les ha dicho que «otra vocación es el matrimonio», y que «no deben tener miedo a formar una familia». «He visto a muchas parejas», les ha aplaudido. Les ha confiado quiénes que los suyos era varios santos: «Contemplando a ellos y a san Agustín, me dije a mí mismo: si ellos fueron capaces, ¿por qué yo no?», ha detallado. El primero que ha mencionado es san Juan Crisóstomo, quien había estudiado Filosofía, antes de bautizarse en edad adulta, en el año 368 d.C. Para León XIV es modelo de «coherencia de la verdad del Evangelio frente a las herejías de su tiempo» y de «valentía para hablar ante el Emperador, diciendo siempre la verdad». También ha dicho que le impactaron dos santos españoles, el agustino Tomás de Villanueva y santo Toribio de Mogrovejo. Ha asegurado que el primero «emprendió una intensa obra de reforma de la Iglesia, sobre todo del clero, exhortando a sus hermanos a la perseverancia en la oración, en la castidad y en la obediencia», tal y como Prevost hizo en sus años como prior de los agustinos. «Su ardiente caridad me ha alentado en los momentos de prueba y de servicio», ha precisado. De santo Toribio de Mogrovejo ha subrayado que en el siglo XVI fue misionero en Perú. «Estudió las lenguas locales para la evangelización de los indios» y «es un modelo de entrega al pueblo, especialmente a los más pobres» por su «compromiso por la justicia, frente a los abusos y la corrupción de su época». Precisamente, al hablar de Perú, ha recordado conmovido que aún recuerda el «testimonio de fe de aquella gente, marcada por muchas dificultades, pero llena de esperanza». Después del diálogo, comenzó la parte más espiritual del encuentro, una adoración eucarística para preparar la misa de este domingo, del Corpus Christi. El Papa se ha revestido para la ceremonia, y se ha arrodillado ante la Eucaristía. Igual que hizo en agosto durante el Jubileo de los Jóvenes en Roma, ha intentado enseñarles a rezar. Por eso, durante veinte minutos, han estado en silencio, muchos de ellos de rodillas, mientras escuchaban lecturas de la Biblia y algunos cantos religiosos.
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