ABC
La felicidad de Román era la de Victorino, y la de Victorino era la de todos. Aquel tercer capítulo vibró con alma propia, con una intensidad cegadora. Y eso que Gallarete, sin ese remate de su anteriores hermanos pese a su cinqueña edad, había sido protestado tras estamparse contra el burladero y echar las manos por delante. Mucho capotazo recibió, además de un desatinado tercio de varas, con el animal empujando. Hasta la pezuña sangró y pendiente de todo anduvo en banderillas. Cuando se quedó a solas con el matador -en una faena brindada a Manuel Martínez Erice, uno de los mejores tipos de este mundo taurino-, rompió a embestir. ¿Saben por qué? Porque su fondo era de bravura y... Ver Más
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