COPE
Pablo Rivas Al primer animal de la tarde, de justa presentación, le costó ya mantenerse en pie en el capote de Morante. El tercio de varas fue un trámite y el toro llegó a la muleta pidiendo la hora. Comenzó el cigarrero por alto, barriéndole el lomo, pero rápido se vio que la materia prima sería nula. Poquísima calidad propiciada por la falta de empuje. Una embestida descompuesta y a arreones. A José Antonio no le importó y comenzó un despliegue de voluntad, valor y colocación. Los detalles fueron inmensos. Un pase de la firma y un kikirikí preciosos. Todo lo hizo el torero. Dio una dimensión de total compromiso. Estocada trasera, le dieron una oreja y le pidieron con mucha fuerza la segunda. En el cuarto, mayor actitud si cabe. El animal no le permitió lucirse con el capote salvo una preciosa media que dejó tras el puyazo. En banderillas pareció venirse arriba, pero fue un espejismo. Tras brindar al consejero de la Junta de Andalucía, Antonio Sanz, Morante comenzó a torear sentado en el estribo. Después, en el toreo en redondo, el toro no quiso entrar en la pelea. A Morante le importó poco. Se lo llevó a las tablas del tendido ocho y, por dentro, empezó a robarle series. Todas fueron de naturales porque por el derecho era mucho más áspero. Hubo algunos muletazos de enorme calidad con la ambición de un novillero hambriento. Por la espada, que se le atragantó, perdió el premio. El Fandi sigue siendo el rey absoluto de Granada, pero también lo es de los sorteos. Suyo fue el lote de la tarde. El primero que le correspondió tuvo gran viveza y prontitud de salida. El viernes de Corpus por la mañana, el director de la Banda del Carmen de Dúrcal, Jorge Berrio, y Fandila consensuaron que en el tercio de banderillas se interpretaría Granada de Agustín Lara, y así fue. De calidad fueron tan solo el tercer y cuarto par. El animal, de gran motor, le sorprendió cuando pretendía pararlo corriendo hacia atrás con una mano. Tuvo que tomar el olivo. Cuando se quedó solo, Fandi fue generoso. Empezó dándole distancias y el toro se le venía nada más mostrarle la tela. Lo que vino después fue una amalgama de muletazos y un empacho de series. La plaza, loca. Estocada tendida y trasera. Oreja y fuerte petición de la segunda. En el quinto la historia se repitió. Alguien, alguna vez, tendrá que estudiar científica o sociológicamente el fenómeno Fandi y el Corpus de la marmota. 26 años de alternativa y cada Corpus el mismo triunfo. "Rescoldito" fue un buen toro. Tras cambiar el tercio sin puyazo, quiso comerse la muleta haciendo el avión. Duró una eternidad. Fandila no se acopló en ningún momento y tampoco hizo falta. Lleva años pasando de evolucionar en su toreo. No le trae a cuenta. El público rugía y le pidió con mucha fuerza el rabo. Las dos orejas parece ser que les supieron a poco. El momento más emotivo de la tarde fue el tercio de banderillas. El granadino pidió a sus compañeros que lo acompañaran. Morante no se lo pensó y Aguado acabó aceptando. Fandi clavó con oficio, Morante dejó una arriba y Aguado cumplió la papeleta. Después, recortes a cuerpo limpio pusieron a la plaza entera en pie. El tercero, de Álvaro Núñez, rehuía el caballo una y otra vez, pero Pablo Aguado se empeñó en que le recetaran un puyazo. Esta decisión hizo que el toro corrigiera el principal defecto que tenía: buscaba siempre la querencia y salía muy suelto. Al toro le faltó vida, se quedaba muy corto y sorprendía al diestro por momentos. Aguado dejó un precioso inicio y una serie de naturales, pero la faena no cogió vuelo. Faltó rotundidad, quizás exigirle algo más. Un bajonazo le valió una oreja. Al último toro de la feria para la lidia a pie le dibujó Aguado bonitas verónicas y después llegó a la muleta sin picar. Tenía movilidad y le enjaretó dos buenas tandas por la derecha en los medios. Al toro le costaba humillar, salía siempre con la cabeza alta y tuvo muy poco eco aún así el respetable quiso que saliera a hombros y le concedió una generosa oreja.
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