COPE
Después de escuchar los cánticos, los testimonios, despues de conocer la alegría «contagiosa» de la comunidad diocesana de Madrid. Después de una actuación estrella de los locutores de la COPE Manolo Lama y Paco González narrando los goles de la Iglesia, un jubiloso León XIV ha exclamado al abarrotado Bernabéu una felicitación al arzobispo de Madrid: «Yo supongo que, para un jugador de fútbol, hacer un gol en este estadio es algo que le marca la vida, pero don José (en referencia a José Cobo, arzobispo y cardenal de Madrid) ¡hoy la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo para siempre!». Así ha comenzado su discurso el Pontífice a los más de ochenta mil individuos que se han reunido en el mítico estadio de fútbol. El Papa León XIV ha presidido este lunes el Encuentro con la Comunidad Diocesana de Madrid en el Estadio Santiago Bernabéu, un acto que ha descrito como un "gran himno de fe". Ante miles de fieles, y acompañado por el Arzobispo de Madrid, el Cardenal José Cobo Cano, el Pontífice ha llamado a fortalecer los lazos de la Iglesia aprendiendo "el arte de la polifonía, es decir, de la unidad en la diversidad", y ha subrayado que el corazón necesita interpretar los acontecimientos y "celebrar con los demás el sentido que irradian". En su discurso, el Papa ha destacado el papel de la Iglesia en una urbe como Madrid, "capital de un gran país europeo" y destino de millones de personas. Ha señalado que, aunque la ciudad conoce "los conflictos, la resignación y, a veces, la desesperación", el Evangelio puede "abrir un camino a la esperanza". Para ello, ha instado a que la alegría de los fieles sea contagiosa y se convierta en "un modo estable de ser", una respuesta coral a la obra de Dios que es la Evangelii gaudium. El Bautismo, ha afirmado León XIV, "cambia verdaderamente la vida", orientando las sensibilidades y dones personales al servicio y al bien común. Esta transformación, ha explicado, no produce uniformidad, sino una "comunión en la diversidad" que el Nuevo Testamento atestigua en sus diferentes voces, en contraposición al "proyecto totalitario y meramente humano" que condujo a la incomprensión en Babel. El Pontífice ha recordado su Encíclica Magnifica humanitas, en la que propuso la figura de Nehemías para "reconstruir los muros de Jerusalén". En este sentido, ha afirmado que "hoy, reconstruir significa reconocer que, en la pluralidad de voces y visiones [...], existe, sin embargo, una posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso". Este proceso, ha añadido, debe realizarse mediante "la escucha y del diálogo" y en la "práctica de la sinodalidad" para que el pluralismo no se disperse. Asimismo, ha planteado la pregunta clave sobre si la acción de los cristianos llega "allí donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas", es decir, a los "núcleos más profundos del alma de las ciudades", como un desafío que ha madurado durante el camino sinodal. Para lograrlo, ha advertido contra la tentación de encerrarse en grupos seguros y ha animado a "cultivar la conciencia de que la verdad es sinfónica y siempre nos supera". Con un mensaje de aliento, el Papa ha exclamado: "¡Nada os turbe, nada os espante!". Ha pedido a la Iglesia diocesana confianza para acoger los nuevos comienzos en la fe en la edad adulta no como una excepción, "sino como la regla de la misión". En esta línea, ha instado a que los consejos parroquiales y diocesanos sean "espacios de escucha recíproca para el ejercicio del discernimiento" y no "meros trámites burocráticos". Finalmente, tras escuchar varios testimonios de los fieles, como el de una hermana llegada de Perú, el Papa ha destacado que "la bondad, aunque sea de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos". Ha concluido su intervención con una llamada a ser, "para todos, como una Biblia abierta", de modo que en la vida de los creyentes se pueda encontrar la Palabra de Dios, porque, en definitiva, "el amor, efectivamente, es el lenguaje que hace que todos se sientan como en casa".
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