ABC
Sevilla está de celebración. Y es una de las importantes, además. Hace tres meses se conmemoraba por todo lo alto el quinto centenario de las bodas de Carlos V e Isabel de Portugal en el Real Alcázar, para el que se confeccionó un amplio calendario de actos. Pues bien, este mes llega la otra gran efeméride de este 2026: el 150 aniversario del nacimiento de Aníbal González el 10 de junio de 1876. Un cumpleaños redondo y de envergadura, ya que pocas figuras pueden considerarse tan relevantes y decisivas para la transformación urbanística de la ciudad de Sevilla en la historia contemporánea como la que el arquitecto abanderó en vísperas de la Exposición Iberoamericana de 1929, para cuyo centenario también se prepara la capital hispalense. Aunque no tenga sangre real como el emperador, Aníbal González Álvarez-Ossorio es un personaje de vital importancia para Sevilla, siendo fundamental para entender el impulso que experimentó la capital andaluza tanto a nivel arquitectónico y estético como urbanístico en un momento de cambios y esplendor en la ciudad como fue el primer tercio del siglo XX. Hablamos del gran exponente del regionalismo sevillano y del responsable de toda la identidad visual de la que se impregnó la ciudad para la Exposición del 29. Esta alcanzó su cénit ese mismo año con la inauguración de la Plaza de España, su obra cumbre, que hoy por hoy es uno de los monumentos más conocidos y visitados tanto de la capital hispalense como del país. Si en su tiempo pudo ser un arquitecto eminentemente local, profundamente sevillano y querido por sus paisanos, con el paso de los años y las décadas se ha convertido en una figura que, sea más o menos conocida fuera de nuestras fronteras, ha alcanzado una indiscutible relevancia internacional, ya que por sus obras pasan a diario miles de turistas. Ese mencionado carácter local corresponde a su estrecha vinculación con la ciudad de Sevilla, de donde fue nombrado Hijo Predilecto apenas meses antes de morir y presidente del Ateneo el 23 de mayo de 1929, cargo del que no llegó a tomar posesión al fallecer el día 31 de ese mes con sólo 53 años. Aunque su trabajo no se limitó ni mucho menos a la ciudad, cabe destacar que sólo en la capital hispalense hay hasta 524 edificaciones con la impronta de Aníbal González, ya sea a través de su construcción desde cero, su ampliación, rehabilitación o restauración, tal y como señala Aníbal González Serrano, nieto del genial arquitecto, autor de un completo trabajo monográfico sobre el mismo titulado 'Inspiración, trabajo y constancia. Trayectoria personal y profesional del arquitecto Aníbal González Álvarez-Ossorio'. Entre todas estas labores destacan las casas realizadas durante los ensanches de principios del siglo XX y, muy especialmente, todos los espacios y pabellones de la Exposición Iberoamericana de 1929. Sin embargo, su producción extiende sus ramas a lo largo de la provincia y de la práctica totalidad de la comunidad andaluza , ya que cuenta con obras en todas las provincias de Andalucía a excepción de Almería, así como distintos trabajos en el sur de Extremadura, en la provincia de Badajoz. Tampoco se puede dejar atrás el histórico edificio de ABC en el centro de Madrid, situado entre el paseo de la Castellana y la calle Serrano, diseñado en estilo regionalista y realizado en 1926 para su buen amigo y primo hermano Torcuato Luca de Tena, fundador de este periódico. Todo ello da buena muestra de la notoria influencia de Aníbal González y del estilo arquitectónico que impulsó junto a una generación de autores coetáneos a él o inmediatamente posteriores que continuaron esta senda, como Aurelio Gómez Millán, cuñado de Aníbal González; José Espiau; o Juan Talavera y Heredia. Basta detenerse a ver su obra para comprender que marcaron toda una época. Otra de las aportaciones fundamentales para comprender la dimensión de la obra de Aníbal González más allá del factor geográfico es que no sólo hizo grandes palacios y pabellones como los del 29 que han pasado a la posteridad, sino que también se dedicó a diseñar edificios industriales, casas solariegas, grandes fincas en medio del campo. Así lo resalta su nieto, en cuyo libro recoge unos 50 proyectos de índole industrial ideados por el arquitecto. Todo ello sin olvidar los edificios religiosos y las capillas, algunas de ellas dentro de los panteones que hizo. Para el cementerio de Sevilla proyectó nada menos que 17 panteones, de los que se materializaron todos menos uno. Como recuerda González Serrano, el más importante por su tamaño, su configuración y su significación es el de Cayetano Luca de Tena, primo de Aníbal y hermano del fundador de ABC. No se puede decir que Aníbal González se dedicara meramente a proyectar edificios o espacios bonitos para Sevilla. Desde el principio mismo de su producción en los albores del siglo XX, su evolución artística y arquitectónica marchó en paralelo a una revolución urbanística de la ciudad en consonancia con las necesidades y los tiempos de cambio. Así, muchos de sus casas para el Centro de la capital hispalense se levantaron gracias a los ensanches que él mismo propició . Es el caso de la casa para Manuel Nogueira en la calle Santa María de Gracia (el edificio Bankinter), su primera obra neomudéjar, que data de 1908; o la de las Conchas, construida una década más tarde en la calle Mateos Gago esquina con Mesón del Moro. Sin embargo, si la huella del célebre arquitecto brillará siempre con luz propia y a pesar de los vaivenes estilísticos, sociales y políticos es por el legado de la Exposición Iberoamericana de 1929. Algunos de sus principales edificaciones se encuentran aún pendientes de una más que necesaria reforma que permita su reapertura, habiéndose fijado como fecha tope 2029. Así encontramos el Pabellón Real , que ya va tarde, dado que la licitación de las obras quedó desierta y ahora el Ayuntamiento trata de reactivar el proceso. La recuperación de este enclave de estilo gótico flamígero es la principal apuesta para el centenario de la Exposición Iberoamericana, ya que se le devolverá la distribución con la que lo concibió González en 1916 y acogerá entre sus paredes un museo dedicado al arquitecto que también servirá como centro de interpretación del regionalismo. La plaza de América presenta una tríada de obras que resumen todo el legado del 29, cada una en un estilo diferente. La segunda de ellas es el Pabellón de Bellas Artes, en estilo neorrenacentista, alberga desde 1946 el Museo Arqueológico , cuya reapertura también está prevista para 2029. Su rehabilitación integral empezó en 2024, pero los plazos se han estirado como un chicle hasta el año del centenario. Frente a él puede contemplarse el hermoso Pabellón Mudéjar, que desde 1973 funciona como Museo de Artes y Costumbres Populares . Este edificio neomudéjar es el único que a día de hoy se encuentra abierto al público, si bien su segunda planta lleva ya dos décadas clausurada de forma «temporal», por lo que también necesita un nuevo impulso. Por su parte, la plaza de España, también localizada en el parque de María Luisa, merece un apartado para ella sola dada su relevancia y proyección mundial. Los actos de celebración del 150 aniversario de Aníbal González se están dando sobre todo en forma de visitas a sus edificaciones y conferencias divulgativas sobre las mismas, que en las últimas semanas se han acentuado y han llegado a espacios hasta ahora ajenos a estos circuitos, como la capilla de los Luises en la calle Trajano, una joya del neogótico construida en ladrillo visto con un zócalo de azulejos modernistas pintados sobre cartones de Gustavo Bacarisas en su interior. Terminada en 1917, la hermandad de los Javieres la reabrió hace unos meses con su traslado a la iglesia del Sagrado Corazón después de varios años cerrada. Además, el pasado día 2 de junio se presentó el décimo de la ONCE dedicado a Aníbal González, que se comercializará este lunes 8. Dos días más tarde, en la fecha exacta de su 150 cumpleaños, se descubrirá un azulejo conmemorativo del insigne arquitecto en la calle que lo vio nacer, en el número 29 de la céntrica Bustos Tavera. No serán las únicas conmemoraciones ―o no deberían― a las puertas del centenario del 29. Cualquier homenaje que contribuya a hacer aún más palpable el indeleble legado de Aníbal González en la ciudad de Sevilla es merecido, aunque no lo hay mejor que la adecuada conservación de sus obras y la rehabilitación, reapertura y puesta en valor de aquellas que han estado cerradas y en el ostracismo más tiempo del que cabría permitir.
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