El Plural
Andalucía ya está entrando en el verano de 2026. Millones de turistas comienzan a llegar a nuestras costas, la población se dispara en numerosos municipios y la presión sobre los servicios públicos aumenta. Sin embargo, justo cuando la presión asistencial comienza a intensificarse por la llegada casos de visitantes, el Gobierno de Moreno Bonilla vuelve a reducir la actividad sanitaria y mantiene en la incertidumbre a ciudadanos y profesionales sobre los recursos reales que estarán disponibles durante los próximos meses. De hecho, UGT ha denunciado que los centros de salud comenzarán a cerrar sus consultas por la tarde desde el 29 de junio, adelantando la reducción de actividad respecto a veranos anteriores. Para el sindicato, la medida supone una reducción anticipada de la asistencia sanitaria en un momento en el que numerosos municipios ya empiezan a afrontar una mayor carga asistencial. No hablamos de una medida menor. La Atención Primaria es la puerta de entrada al sistema sanitario. Es donde se diagnostican enfermedades, se realizan seguimientos, se controlan patologías crónicas y se evita que miles de pacientes terminen saturando las urgencias hospitalarias. Cada consulta que desaparece supone una dificultad añadida para miles de ciudadanos. La crítica sindical no se limita al calendario. UGT considera que adelantar el cierre de las consultas vespertinas evidencia una estrategia basada en la reducción de actividad en lugar del refuerzo de recursos. Una decisión difícil de justificar en una comunidad que cada verano recibe millones de visitantes adicionales. La experiencia reciente debería servir de advertencia. Durante el verano de 2025, únicamente 392 centros de salud mantuvieron actividad por las tardes de una red de más de 1.500 centros sanitarios existentes en Andalucía. Dicho de otra forma, tres de cada cuatro centros dejaron de ofrecer atención vespertina. Ahora la reducción comienza antes y amenaza con prolongarse durante más tiempo. La contradicción es evidente. Municipios de la Costa del Sol como Marbella, Fuengirola, Benalmádena, Mijas, Estepona o Torremolinos duplican e incluso triplican su población durante julio y agosto. Lo mismo ocurre en numerosos puntos del litoral gaditano, almeriense o onubense. Málaga recibe cada verano millones de visitantes y lo lógico sería reforzar los recursos allí donde aumenta la población. Sin embargo, la respuesta vuelve a ser la reducción de consultas y la limitación de la actividad sanitaria. Y todo ello ocurre mientras Andalucía vuelve a aparecer en los últimos estudios y análisis sobre financiación sanitaria como la comunidad autónoma con menor inversión sanitaria por habitante. La noticia, difundida por distintos medios durante los primeros días de junio, confirma una realidad que millones de andaluces llevan años percibiendo en su día a día. Cuando una comunidad autónoma está a la cola de España en inversión en sanidad pública por habitante, resulta imposible sostener que el deterioro asistencial sea fruto de circunstancias puntuales. Es una consecuencia directa de las prioridades políticas de quien gobierna. Y los resultados están a la vista de cualquier ciudadano que intenta acceder a una consulta, una prueba diagnóstica o una intervención quirúrgica en un...
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