Canarias Ahora
Conducta sexual - La investigación publicada en una revista especializada concluye que esta pauta forma parte de la actividad reproductiva corriente y aparece con más frecuencia lejos del cuidado humano Un juguete mordisqueado durante horas suele ser una de las primeras señales que llaman la atención de quienes cuidan animales en espacios cerrados . A partir de detalles así surgió durante años la idea de que muchas conductas poco habituales nacen por vivir lejos del entorno natural. Esa percepción se alimenta cuando aparecen movimientos repetitivos, respuestas exageradas o hábitos que parecen extraños para los observadores. Es cierto que vivir en un espacio cerrado puede cambiar el día a día de un animal. Puede haber menos estímulos, menos interacción con otros individuos y una vida mucho más predecible. Todo eso influye en su comportamiento. Pero no todo lo que parece raro es un problema . Algunas conductas que llaman la atención simplemente forman parte de la forma natural en que una especie se comporta. El estudio descarta una anomalía ligada al encierro La masturbación en aves ha sido considerada durante mucho tiempo una posible señal de estrés o de problemas derivados de la cautividad. Sin embargo, una investigación publicada en la revista científica Ecology and Evolution y liderada por la ecóloga evolutiva Chloe Heys , de la Universidad de Lancashire, concluye que esta conducta aparece en numerosas especies y forma parte de su repertorio sexual habitual . Los datos apuntan además a que los casos descritos son más frecuentes en aves silvestres que en ejemplares mantenidos por personas. Las nuevas conclusiones cambian la mirada sobre las aves Ese resultado tiene consecuencias para veterinarios, criadores y propietarios. Durante años se recomendó retirar perchas, juguetes u otros objetos cuando las aves mostraban este comportamiento. En algunos casos se llegó a recurrir a tratamientos hormonales, medicamentos e incluso intervenciones quirúrgicas para frenarlo. Heys defendió que la investigación demuestra que “es un comportamiento perfectamente natural y saludable que forma parte de su repertorio de conductas sexuales”. La conclusión abre la puerta a revisar consejos muy extendidos en el cuidado de estas especies. El análisis detecta patrones ligados a la evolución Para llegar a esas conclusiones, el equipo reunió la mayor base de datos sobre masturbación en aves elaborada hasta la fecha. Los investigadores recurrieron a artículos científicos revisados por expertos, encuestas dirigidas a especialistas en aves y cuidadores de zoológicos, además de testimonios procedentes de comunidades de aficionados, redes sociales y vídeos. El conjunto final incluyó información sobre 120 especies repartidas en 22 grandes grupos de aves . También se registraron variables como el sexo, la edad, el origen silvestre o cautivo, el sistema de apareamiento y el entorno social. El análisis reveló que la conducta aparece en muchos linajes distintos y sigue patrones reconocibles. Las especies emparentadas tendían a parecerse entre sí en la presencia o ausencia de esta práctica, lo que sugiere una distribución relacionada con la historia evolutiva de las aves. Los investigadores consideran probable que el ancestro común de las aves no presentara esta conducta y que esta surgiera y desapareciera varias veces a lo largo del tiempo. Las parejas duraderas muestran menos frecuencia reproductiva Las diferencias entre machos y hembras también aportaron información relevante. Entre los registros considerados fiables, el 55% de los machos mostraban masturbación frente al 36% de las hembras . Aun así, la conducta apareció en ambos sexos, por lo que no puede interpretarse como una actividad exclusiva de los machos. El estudio tampoco detectó diferencias importantes entre individuos jóvenes y adultos , un resultado que debilita la hipótesis de que se trate únicamente de una práctica previa a la madurez sexual. Cuando los investigadores examinaron los sistemas de apareamiento, encontraron otro patrón interesante. Las especies con vínculos de pareja más duraderos tendían a presentar menos masturbació n. Por el contrario, aquellas con oportunidades de apareamiento más variadas registraban una presencia mayor de esta conducta. Esa relación respalda varias explicaciones evolutivas. Una plantea que actúa como vía de liberación sexual en especies con niveles elevados de actividad reproductiva. Otra propone que podría influir en procesos posteriores al apareamiento, como la calidad del esperma o determinadas condiciones relacionadas con la fecundación . Los expertos aclaran cuándo requiere atención profesional La investigación también aclara qué se entiende exactamente por masturbación en aves. A diferencia de muchos mamíferos, la mayoría carece de genitales externos y utiliza la cloaca para la reproducción, la excreción y la micción. Los comportamientos observados suelen consistir en frotar esa zona contra una percha, una rama, un juguete u otros objetos , a veces acompañados de movimientos de alas o vocalizaciones. Los autores excluyeron actividades normales como el acicalamiento, la limpieza o el rascado para evitar confusiones. Las parejas duraderas muestran menos frecuencia reproductiva La veterinaria Ana Basto, profesora de la Universidad de Lancashire, recordó que “ha existido históricamente una falta de investigación sobre la masturbación en aves como los loros”. Según explicó, los resultados ayudarán a ofrecer recomendaciones más precisas sobre bienestar animal. En la misma línea, la bióloga evolutiva Matilda Brindle , de la Universidad de Oxford, señaló que “la masturbación no es una consecuencia patológica o aberrante de la cautividad”. Aunque los autores recuerdan que los casos asociados a lesiones, irritación o sufrimiento requieren atención profesional, el trabajo plantea una revisión profunda de una conducta que durante años fue interpretada de forma equivocada.
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