La Opinión de Málaga
La filtración de indagaciones policiales que debían ser reservadas, diligencias de instrucción o grabaciones a las que las partes tenían acceso para articular la defensa, no para su masiva divulgación, es un asunto que no interesa a nadie: ni a quienes tenían la obligación de velar por su secreto o reserva (pues delataría la omisión del deber de custodia), ni a quienes se ven perjudicadas por ella (rendidos a la dificultad de identificar al responsable), ni a los medios de comunicación (que luchan por la exclusiva del gran titular) ni, desde luego, al público, que consume vorazmente la información salpimentada por su mismo secreto. Interesaría solo a quienes creen que el respeto de las reglas procesales del sistema jurídico, incluida la intimidad del transgresor en cuanto no afecte a la persecución del delito, forma parte del Estado de derecho, pero, ¿dónde están esas gentes?
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