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La industria del coche eléctrico lleva años lidiando con un elefante en la habitación: qué hacer con los millones de paquetes de baterías que, si bien ya no sirven para impulsar un vehículo, aún retienen una enorme capacidad energética. Ahora, la respuesta podría llegar de la mano de la conducción autónoma. Waymo ha oficializado un acuerdo estratégico con la empresa B2U Storage Solutions para dar una "segunda vida" a las baterías gastadas de sus robotaxis, evitando que acaben directamente en las plantas de reciclaje para convertirlas en gigantescos sistemas de almacenamiento de energía solar. La paradoja del robotaxi. Para entender por qué este movimiento es tan relevante, hay que comprender cómo envejece un coche autónomo. Tal y como detalla Wall Street Journal , la vida de un robotaxi no se parece en nada a la de un coche particular. Mientras que nuestros vehículos personales pasan la mayor parte del día aparcados, los de Waymo operan como activos compartidos de uso intensivo. En declaraciones al rotativo financiero, Adam Lenz, director de sostenibilidad de Waymo, explicó que esta alta utilización hace que sus coches acumulen kilómetros a un ritmo vertiginoso, obligando a retirar las baterías del servicio comercial mucho antes de lo habitual. Según datos de Geotab , un coche eléctrico de consumo pierde apenas un 2,3% de capacidad de batería al año, reteniendo más del 81% tras ocho años de uso. Los robotaxis, sin embargo, sufren una degradación mucho más rápida. Pero que una batería ya no ofrezca la autonomía necesaria para llevar pasajeros de forma segura no significa que esté muerta. El nuevo modelo de negocio busca exprimir el valor residual de estas baterías para usarlas en aplicaciones estacionarias, evitando el desperdicio y sacando partido a unos materiales críticos que ya han sido fabricados. En Xataka ¿Qué pasa si vas en un taxi autónomo y alguien quiere entrar al coche y atacarte? La respuesta de Waymo no es alentadora "Esponjas de energía". Cuando los vehículos de Waymo ya no dan más de sí, B2U extrae las baterías, comprueba su rendimiento y las empaqueta en grandes armarios metálicos de unos 2,7 metros de altura, similares a pequeños contenedores de transporte marítimo. Cada uno de estos contenedores alberga docenas de unidades. A partir de ahí, funcionan como auténticas "esponjas de energía" para la red eléctrica. Durante el día, cuando hay abundancia de sol o viento y los precios son bajos, el sistema absorbe y almacena esa electricidad. Posteriormente, inyecta esa energía de vuelta a la red durante los picos de demanda nocturnos, justo cuando la producción solar cae. El impacto económico y energético es notable. Freeman Hall, CEO de B2U, detalla que cada batería reutilizada puede añadir entre 8.000 y 10.000 dólares en valor eléctrico. Además, un solo contenedor de almacenamiento tiene la capacidad suficiente para abastecer a un hogar promedio durante un periodo de hasta tres meses. Aunque Waymo no ha especificado un número exacto de unidades, el objetivo a largo plazo es desplegar "cientos de megavatios-hora" de capacidad, concentrando los esfuerzos iniciales en California y Texas, dos estados con gran dependencia y crecimiento en energías renovables. Las cifras de una flota imparable. Como detalla Ars Technica , Waymo opera actualmente unos 4.000 vehículos, compuestos mayoritariamente por Jaguar I-Pace con baterías de 90 kWh, a los que se están sumando los nuevos modelos "Ojai" del fabricante chino Zeekr, equipados con baterías de 93 kWh. Esta flota realiza unos 500.000 viajes a la semana, un ritmo que no hará más que crecer: el Wall Street Journal cita una estimación de Morgan Stanley que prevé que los trayectos autónomos en EEUU pasen de 15 millones en 2025 a 36 millones a finales de este mismo año. No obstante, la narrativa puramente "verde" de Waymo tiene sus claroscuros, y la prensa especializada no los pasa por alto. Ars Technica introduce un dato crítico y necesario : si bien la compañía asegura que su flota eléctrica evita 530 toneladas de CO2 cada medio millón de viajes, su reciente desembarco en Austin (Texas) junto a Uber levantó ampollas. Allí, utilizaron generadores móviles de la empresa L-Charge alimentados por gas natural para recargar los robotaxis, lo que generó quejas vecinales por el ruido y evidenció las dificultades logísticas de operar vehículos eléctricos sin la infraestructura de carga adecuada. Por otro lado, empresas como Redwood Materials (respaldada por la propia matriz de Waymo, Alphabet) también están lanzando sus propias divisiones de almacenamiento de segunda vida. Todo esto ocurre en un contexto de récord absoluto: en el primer trimestre de 2026, EEUU instaló 9,7 GWh de almacenamiento estacionario, un aumento del 32% interanual. Más allá del postureo verde. En definitiva, este acuerdo sella una perfecta circularidad urbana. Como reflexiona Adam Lenz , las mismas baterías que hoy transportan a los pasajeros por sus calles, mañana estarán respaldando las redes eléctricas locales de esas mismas comunidades. Sin embargo, detrás del evidente beneficio medioambiental hay un movimiento de pura estrategia empresarial: esto no es solo filantropía verde. Waymo depende de que las redes eléctricas de las ciudades donde opera sean estables y robustas para poder mantener sus flotas operativas 24/7. En la era de la automatización masiva, apuntalar la red eléctrica con las baterías de tus propios coches retirados ya no es solo una medalla ecológica; es una estricta necesidad de supervivencia comercial. Imagen | Daniel Ramirez Xataka | Un hombre pidió un Waymo para ir al aeropuerto. Cuando llegó allí se topó con un problema: el maletero no se abría - La noticia Qué hacer cuando un robotaxi ya no da más de sí: el ambicioso plan de Waymo para convertir sus baterías en gigantescos 'powerbanks' solares fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .
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