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"Vivo en el paraíso, pero bajo poco a la orilla": la vida en la costa de Huelva cuando llegan los turistas | Collector
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"Vivo en el paraíso, pero bajo poco a la orilla": la vida en la costa de Huelva cuando llegan los turistas

Con la inminente llegada del verano, las playas de la costa de Huelva se preparan para recibir a decenas de miles de personas. Pero, ¿qué ocurre con quienes residen en estos destinos vacacionales durante todo el año? El doctor de la Facultad de Ciencias Empresariales y Turismo de la Universidad de Huelva, Ramón Fernández, analiza este fenómeno. Lejos de producirse un éxodo, lo que ocurre entre los residentes habituales es una adaptación. Según Fernández, no es común que se vayan de viaje, sino que lo normal es que permanezcan y se adapten "a lo que se les viene encima". Insiste en que los datos no muestran un movimiento excesivo, por lo que la gente de la costa acepta la llegada de nuevos visitantes. Esta adaptación implica un cambio de hábitos. Los residentes, acostumbrados a la tranquilidad, buscan espacios de playa con menos masificación. Fernández explica que esto sucede en lugares como Matalascañas, Mazagón o Punta Umbría, donde los propios vecinos se desplazan en coche o bicicleta "para tratar de salir un poco de la bulla que supone la llegada de los turistas". Es el caso de Jerónimo, residente en Mazagón, que confirma que en verano se queda, pero "bajo poco a la orilla". El motivo es la excesiva afluencia de gente y que, tras su jubilación, huye de las aglomeraciones. "Ahora lo que necesito es tranquilidad y paz", asegura en una entrevista en Herrera en COPE en Huelva. Elena, que vive cerca de la playa de La Antilla, comparte una opinión similar. Explica que los residentes están acostumbrados "al paraíso" de disfrutar de la playa sin gente durante el resto del año. Por ello, con la llegada del verano, "intentamos eludir esos planes" en restaurantes o paseos marítimos masificados. La alternativa son los planes caseros. En lugar de reservar en un restaurante concurrido, organizan reuniones en casas con terraza. "Nos juntamos varias familias, compartimos, y así aprovechamos esas reuniones que sí, que están cerquita, seguimos veraneando, pero intentando evitar la masificación", detalla Elena. El experto Ramón Fernández concluye que estos testimonios coinciden con su análisis. "Realmente la gente no se va, no sale de la provincia", afirma, pero sí se desplazan para distanciarse un poco de la afluencia masiva. Este comportamiento, señala, es distinto al que se observa en la sierra, donde las dinámicas son "mucho menos masificadas" y se produce una mayor integración.

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