No deberían ponerse muchos peros a la victoria de un candidato que obtiene el 65 por ciento de los votos en unas elecciones. Ya quisiera cualquier político de este país acercarse a un porcentaje así, que le evitara pactos de gobierno envenenados. Florentino ganó en todas las mesas , en todas las urnas, en todas las franjas de antigüedad y de edad. A efectos prácticos, daba igual la diferencia, el partido estaba ganado desde primera hora cuando las encuestas a pie de urna de diferentes medios de comunicación clavaron los resultados oficiales. El presidente ganó con claridad, el candidato Riquelme cayó con dignidad . El discurso de Florentino tras la victoriosa, y antes incluso de los datos de la Junta Electoral, fue quizá su mejor alocución en estas dos semanas. Consciente de que hay, al menos, un 35% de socios que no aprobaron su continuidad, se dirigió a ellos prometiendo interés en solucionar su enfado. No mencionó a su rival, quizá lo único malo, al que el madridismo le debe el haber ejercido por fin el derecho de algo tan sencillo y la vez tan inusual como votar. Fue interesante ver la gestión de la victoria y también de la derrota. Riquelme dice que esto acaba de empezar, como advirtiendo de que ahí estará él de manera activa y alerta a todo lo que pase en el club. Pero su papel ahora es complicado. Esto no es política y ser un martillo pilón contra Florentino en los próximos meses y años sería interpretado por la mayoría como serlo contra el Madrid. Es el eterno debate, el presidente es el club, y el club son todos sus socios. La peor noticia para el Madrid sería que estas elecciones dejaran a una masa social dividida. El entorno de Florentino, en ocasiones incluso más duro que él, debe aceptar que hubo 11.814 socios que votaron a Riquelme y que, aunque no se lo crean, también son muy del Madrid. Pagan su cuota, y celebran y sufren exactamente igual que los 21.741 que votaron al presidente. Entender que las críticas no son campañas orquestadas, que en la vida no todo es blanco o negro, conmigo o contra mí. Que hay términos medios y que algo habrá que cambiar para que el Madrid no firme otro año en blanco. Es increíble que ese papel de la conciliación le corresponda ahora a Mourinho. A lo mejor, también nos sorprende.
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