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La ciudad de Madrid ha vivido un fin de semana histórico con la visita del Papa León XIV, un acontecimiento que ha congregado a multitudes y ha reavivado la fe en el corazón de la capital española. La cita culminó con una celebración multitudinaria en Cibeles que reunió a más de 1,2 millones de personas, según testigos presenciales, marcando un hito para la Iglesia en España. Entre los asistentes, destacó una nutrida representación aragonesa, con más de 2.000 fieles desplazados para la ocasión, de los cuales un millar eran jóvenes que participaron activamente en los actos. Desde Zaragoza partieron seis autobuses organizados por las diócesis aragonesas, reflejando la enorme expectación generada. Uno de los viajeros ha sido el padre Pablo Tirado, director del colegio Agustinos de Zaragoza, quien ha regresado con la sensación de haber vivido un momento trascendental. Su experiencia no solo se limitó a los actos públicos, sino que incluyó un encuentro cercano y personal con el Pontífice. El padre Tirado ha tenido la oportunidad de participar en una reunión privada con el Papa León XIV y la familia Agustiniana en la nunciatura apostólica. En un ambiente de cercanía, el Pontífice se dirigió a los presentes "fuera de protocolo", un gesto que Tirado esperaba y que se materializó porque, en sus palabras, "estaba con su familia". Este encuentro permitió a los más de 200 asistentes pasar uno a uno frente al Papa. El momento, aunque breve, fue de una gran intensidad personal. "Pudimos estar cara a cara con él entre 5 y 15 segundos", ha relatado el director del colegio zaragozano. Durante su turno, el Papa se dirigió a él por su nombre, y Pablo Tirado aprovechó la ocasión para extenderle una invitación formal en nombre de la comunidad de Agustinos y de toda la ciudad: "Te esperamos a los pies de Santa María del Pilar cuando quieras". La respuesta del Papa León XIV fue una "mirada y sonrisa cómplice", un gesto que el padre Tirado interpreta como una muestra de que le gustaría aceptar, a pesar de sus innumerables "compromisos a nivel mundial". La esperanza de una futura visita a Zaragoza queda así sembrada, con la confianza de que "seguro que vendrá para aquí" en los próximos años. Más allá del encuentro personal, el padre Tirado ha destacado el potente mensaje que el Papa ha dirigido a la sociedad, especialmente a la juventud. El Pontífice se ha confesado "muy satisfecho" con la respuesta masiva, que ha interpretado como un signo de "cambio" en una España que conocía como "secularizada". La presencia de casi 600.000 jóvenes en la vigilia del sábado es, para él, una prueba de que el cristianismo no está "pasado de moda". El Papa ha interpelado directamente a los educadores y religiosos a seguir trabajando en colegios y parroquias, subrayando que "los jóvenes necesitan referentes en un mundo náufrago y huérfano de los mismos". Este llamado a ejercer la "fraternidad y paternidad" resuena con fuerza en el carisma agustiniano y ha sido recibido como un impulso para redoblar esfuerzos en el acompañamiento de la juventud. De vuelta en Zaragoza, el entusiasmo es palpable entre los alumnos y exalumnos que participaron en el viaje. Aunque ahora se enfrentan a los exámenes finales, se les nota "entusiasmados, con nuevas ganas". El padre Tirado les ha insistido en que la experiencia no debe quedar "solo como un recuerdo, sino como un compromiso" para transformar la sociedad, un encargo directo del propio Papa. En su encuentro privado, el Papa también ha compartido una reflexión más profunda sobre la necesidad de ser "testimonios del silencio" y de cultivar la "educación de interioridad". Ha advertido sobre factores como la inteligencia artificial, que pueden alejar a las personas del encuentro consigo mismas. En este sentido, ha mencionado un proyecto de la UNESCO para declarar el silencio como patrimonio de la humanidad, un compromiso que los agustinos asumen como propio. Para el padre Tirado, esta visita papal, la primera en 15 años, ha demostrado que "hay unas ganas de vivir la espiritualidad, de vivir la fe". Ha sido un evento histórico que ha roto la percepción de que el Evangelio estaba relegado y ha confirmado que el cristianismo, lejos de ser algo del pasado, tiene la capacidad de "actualizarse y adaptarse a estos tiempos", ofreciendo respuestas y esperanza a una sociedad que busca referentes.
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