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Viajar en autocaravana por Cantabria: libertad sobre ruedas, precios disparados y falta de espacios para convivir mejor | Collector
Viajar en autocaravana por Cantabria: libertad sobre ruedas, precios disparados y falta de espacios para convivir mejor
Cope Zaragoza

Viajar en autocaravana por Cantabria: libertad sobre ruedas, precios disparados y falta de espacios para convivir mejor

Viajar en autocaravana se ha consolidado como una opción cada vez más popular en Cantabria, una región que con su combinación de costa, montaña y pueblos turísticos parece el escenario perfecto. La sensación de libertad y la capacidad de decidir la ruta sobre la marcha atraen a muchos, pero esta idílica imagen esconde una realidad más compleja: precios disparados, escasez de espacios adecuados y conflictos de convivencia con los municipios, especialmente durante la temporada alta. Luis, usuario y expropietario de una de estos vehículos, conoce bien la situación. Su diagnóstico es claro: mientras que en temporada baja los ayuntamientos suelen ser más permisivos, en verano todo cambia. “En temporada alta tenemos problemas”, reconoce, aludiendo a que el mayor tamaño de una autocaravana en comparación con un turismo puede generar molestias si no existen áreas preparadas para acogerlas en aparcamientos, playas o zonas céntricas. Una de las grandes dudas es si una autocaravana puede pernoctar en un aparcamiento convencional. La respuesta varía según el municipio, pero el problema se agudiza en verano con la presión turística. Los ayuntamientos intentan ordenar una presencia que puede ser invasiva. “Somos un colectivo que ocupa mucho”, admite Luis, que entiende la necesidad de regulación, pero critica la falta de alternativas. Los usuarios demandan áreas bien ubicadas y con servicios básicos para estacionar o pernoctar sin saturar los aparcamientos ni molestar a los vecinos. La referencia para muchos autocaravanistas es Europa. Países como Francia, Alemania o Bélgica cuentan con una cultura más arraigada, con más áreas de servicio y una mayor normalidad a la hora de pagar por su uso. Luis, con experiencia en este mundo desde pequeño, señala que en estos países los usuarios asumen el pago de una tasa a cambio de un espacio adecuado, una mentalidad que, considera, aún debe calar en España para mejorar la convivencia. Otro mito que se desmonta es el del bajo coste. Viajar en autocaravana ya no es una opción barata. Según explica Luis, el precio de compra se ha disparado: un vehículo medio ronda hoy los 100.000 euros, mientras que hace cinco años se podía adquirir por 60.000 o 70.000 euros. A esta inversión inicial hay que sumar los costes de seguro, mantenimiento, combustible y los gastos del día a día. Para una familia de cuatro personas, calcula que el gasto diario puede alcanzar fácilmente los 180 o 200 euros entre comidas y desplazamientos, sin contar el coste de un camping si se opta por esta modalidad. Se trata, por tanto, de una forma de viajar diferente, que ofrece flexibilidad, pero que exige un presupuesto considerable. Este verano ha entrado en vigor un nuevo decreto del Gobierno de Cantabria que busca regular el uso de las autocaravanas. Los usuarios lo ven como un paso necesario para ordenar una actividad en auge y unificar criterios, ya que no todos los caravanistas se comportan de la misma manera. La norma otorga a los ayuntamientos la competencia para ordenar el estacionamiento y la pernocta, una vía que los afectados ven razonable siempre que vaya acompañada de la creación de espacios habilitados. La principal reivindicación de los usuarios se resume en una palabra: servicios. Piden áreas donde se distinga entre estacionar y acampar. No es lo mismo aparcar el vehículo correctamente que desplegar toldos, mesas y sillas, una actividad que, como reconoce Luis, debe reservarse para los campings. Para usos más sencillos, consideran que los municipios deben ofrecer alternativas que ordenen la presencia de estos vehículos y reduzcan los conflictos con vecinos y comerciantes. El turismo en autocaravana ha llegado para quedarse y ya forma parte del paisaje de Cantabria. Aporta actividad económica, consume en comercios locales y ayuda a desestacionalizar el turismo. Sin embargo, para que la relación sea beneficiosa para todos, se necesita planificación. El reto para la región es encontrar un equilibrio: normas claras, áreas suficientes y respeto mutuo para ordenar sin expulsar y regular sin perseguir.

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