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"Te piden 700 euros al mes por una habitación en un piso de 30 metros en una zona de Barcelona donde hace 30 años pagabas 24.000 pesetas" | Collector
Cope Zaragoza

"Te piden 700 euros al mes por una habitación en un piso de 30 metros en una zona de Barcelona donde hace 30 años pagabas 24.000 pesetas"

El acceso a la vivienda es un problema que está adquiriendo mayor dimensión con el paso de los años, sobre todo en grandes ciudades como Barcelona. Ejemplo de ello es la experiencia de Llusia Ramis que ha vivido como inquilina durante casi 30 años en la ciudad condal. En 'La Tarde' de COPE, Ramis ha desgranado a Pilar García Muñiz las vivencias que plasma en su libro 'Un metro cuadrado', una crónica de sus más de diez mudanzas y la lucha constante contra la inestabilidad del alquiler. Ramis ha recordado su primer piso de alquiler en 1996, en el barrio de L'Eixample. Se trataba de una vivienda de 76 metros cuadrados que compartía con otros dos estudiantes por 72.000 pesetas de la época, unos 433 euros actuales. A pesar de que, según sus palabras, "todo estaba asqueroso", con un "pasillo infinito, baldosas desdentadas y una cocina antigua", representaba la normalidad para un estudiante de entonces. La situación actual, sin embargo, es radicalmente distinta. Un piso de características similares en la misma zona de Barcelona cuesta hoy entre 1380 y 1480 euros al mes. La opción más económica que se puede encontrar en el mismo barrio es una habitación de 30 metros cuadrados por 700 euros al mes. En su libro, Ramis realiza un ejercicio de memoria volviendo a todos los pisos en los que vivió. "Me he sorprendido porque en dos de los pisos hay personas a las que conozco y que no sabía que viven en los que fueron mi casa hace casi 30 años", ha explicado. Esta experiencia le ha permitido constatar un hecho: "la gentrificación no tiene piedad y llega a todas partes", y aunque los pisos modestos de antes siguen siendo los mismos, "ahora cuestan muchísimo más". La autora ha descrito la angustia que genera la inestabilidad residencial. "Desde el momento en el que firmas un contrato de alquiler, empieza una cuenta atrás", ha afirmado. Esta sensación de provisionalidad constante dificulta la capacidad de "echar raíces" y de tener una "visión a largo plazo", convirtiendo cada mudanza en un "volver a empezar". Esta precariedad la ha llevado a tomar decisiones precipitadas en su vida personal para poder afrontar los pagos. Ramis ha confesado que ha llegado a vivir con parejas "de manera muy precipitada, simplemente, para que te ayudaran a pagar el alquiler". Según sus palabras, estas situaciones provocaban que la relación pasara "de la emoción del amor a la cotidianidad en muy poco tiempo", resumiendo la "historia de amor en un tráiler" porque "acabábamos hartos enseguida". El temor a la precariedad en la madurez es otro de los puntos clave de su testimonio. "Yo no me imaginaba con 37 años compartiendo piso", ha señalado, evocando la serie 'Friends' y cómo veía a sus protagonistas "muy mayores para compartir piso". La posibilidad de quedarse sin casa en Barcelona y tener que volver a Mallorca, a casa de sus padres, se convirtió en una amenaza real ante la incapacidad de seguir el ritmo de los precios del alquiler. Contra su propia voluntad, ya que nunca quiso ser propietaria, Ramis ha terminado comprando un pequeño apartamento de 47 metros cuadrados sin ascensor. La decisión, aunque difícil, le ha proporcionado una tranquilidad que el mercado del alquiler le negaba. La alternativa, según ha contado ella misma, era "siempre vivir con una espada de Damocles encima de la cabeza", por lo que la deuda hipotecaria se ha convertido en un mal menor.

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