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National Geographic califica el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas como una de las « maravillas naturales de Andalucía ». No es de extrañar teniendo en cuenta que es el espacio protegido más grande de España y el segundo de Europa. Uno de los pulmones verdes de la península del que los redactores de la célebre revista destacan un recorrido para realizar en plena naturaleza y en el que encontrarse desde el pequeño río Borosa al nacimiento del Guadalquivir pasando por el embalse de Aguas Negras y la Cerrada de Elías, un cañón de estrechas y altísimas paredes verticales. Además, su recorrido es accesible para cualquier edad y todo tipo de condición física. Lo único que hay que llevar son las ganas de pasarlo bien en un paraje increíble. Antes de comenzar la ruta puede pasarse uno por el Centro de Visitantes Torre del Vinagre , donde recabar toda la información para la ruta que sigue el curso del río Borosa, afluente del Guadaqluivir. Junto al Jardín Botánico, muy cerca de la piscifactoría de truchas, comienza el itinerario y desde el Charco de la Cuna se empieza a disfutar de las primeras cascadas y el Borosa que reina en este paraje, con saltos como el de la Poza, se mezcla con el Arroyo de las Truchas, aumentando la fuerza y el caudal del río. La ruta contiene preciosos puentes de madera colgantes, estables y de piedra , como el de los Caracolillos, que te acercan a una formación rocosa conocida como Pliegue del río Borosa. Desde aquí ya se ve la Cerrada de Elías , a la que se llega cruzando un estrecho sendero repleto de encinas, pinos y quejigos, conocido como Vado Rosales, y sigues acompañado por puentes de madera y pozas de aguas cristalinas a lo largo de toda la ruta que es circular. La Cerrada de Elías cuenta con paredes calizas que superan los 10 metros de altura a lo largo de unos 400 metros de longitud. Desde siempre, ha sido un camino transitado por los pescadores de la zona. Ahora, cualquiera puede disfrutar de la belleza de este entorno natural y de su biodiversidad gracias a las pasarelas que se han instalado para facilitar el acceso. Después de un año lluvioso como el que hemos tenido, las pozas están llenas de agua e invitan al baño. Pero esas abundantes precipitaciones también han provocado que el acceso a la Cerrada de Elías, a las pasarelas de madera y a las lagunas permanezcan cerrados. De momento sólo hay un pequeño tramo abierto de dos kilómetros. La riqueza que atesora la zona no es sólo paisajística, sino que la flora y la fauna del lugar también son dignas de admiración. Siempre que el sitio no esté demasiado concurrido, asegura National Geographic, pueden verse ejemplares como la rana verde levantina, mariposas como la Vanessa Atalanta y pájaros tan coloridos y cantores como el Pinzón vulgar. La lagartija de Valverde es una especie autóctona y, aunque muy rápidas y escurridizas, suelen dejarse ver. Truchas y barbos pueblan las aguas que recorren esta preciosa ruta. Y si alguien se queda con ganas de más, hay posibilidad de ampliar el recorrido, aunque hay que tener en cuenta que el desnivel aumenta de manera importante. El esfuerzo merecerá la pena para poder descubrir otras cerradas, como las de la Fuente de Piedra o Puente de la Toba, y las cascadas del Rebosadero y de la Calavera. El broche de oro se encarga de ponerlo el Salto de los Órganos, una impresionante caída de 60 metros. National Geographic recomienda seguir el paseo porque cerca de esta cascada, hay unos túneles excavados en la roca que llevan parte del agua del río Borosa a la central eléctrica existente y que atraviesan el Picón del Haza llegando al embalse de Aguas Negras y la Laguna de Valdeazores, otro de los lugares peculiares que oferta este precioso sendero natural donde coexisten las cabras montesas y los ciervos rodeados de preciosos bojes, acebos y tejos.
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