Collector
El consumo de larvas separó a neandertales y humanos europeos, una diferencia que cambia la lectura de su alimentación | Collector
El consumo de larvas separó a neandertales y humanos europeos, una diferencia que cambia la lectura de su alimentación
elDiario.es

El consumo de larvas separó a neandertales y humanos europeos, una diferencia que cambia la lectura de su alimentación

Alimentación proteíca - La revisión de más de un millar de genomas antiguos mostró diferencias tempranas que continuaron presentes tras numerosos movimientos humanos posteriores Las bayas duras podían decidir una jornada cuando el frío reducía las opciones. Ese tipo de limitaciones era habitual en gran parte de la prehistoria , cuando la alimentación dependía de lo que ofrecía el entorno inmediato y de la capacidad para encontrarlo o capturarlo. La variedad disponible estaba muy lejos de la actual y cambiaba con las estaciones, los desplazamientos y las condiciones climáticas. La dieta cotidiana podía incluir carne de caza, peces, frutos, semillas, raíces o plantas silvestres, aunque cada territorio imponía sus propias restricciones. La consecuencia era una alimentación mucho más ligada a la disponibilidad que a la elección personal. Un análisis dental descartó un consumo frecuente de insectos Un estudio publicado en Science Advances aporta una pista adicional sobre lo que apenas formó parte de esa dieta. Tras analizar ADN conservado en placa dental antigua, los investigadores concluyeron que los habitantes prehistóricos de Europa consumían insectos de manera muy ocasional y que muchas de esas ingestas pudieron producirse por accidente. La comparación con otros grupos humanos reforzó esa idea. Los neandertales mostraban cantidades mucho mayores de ADN de insectos en sus dientes, en niveles parecidos a los observados en chimpancés que recurren a estos animales para complementar su alimentación. Entre los restos detectados destacaba n moscas y mosquitos. El investigador Manuel Piñero relacionó esos resultados con la posible ingestión de carne en descomposición que contenía larvas o huevos de insectos. Los autores trabajaron con una muestra formada por 745 humanos anatómicamente modernos, 18 neandertales y 96 grandes simios. La placa dental endurecida conserva rastros microscópicos de alimentos y otros elementos presentes en el entorno, lo que permite r econstruir hábitos alimentarios de épocas muy antiguas. Incluso teniendo en cuenta posibles contaminaciones ambientales, los restos de insectos hallados en los humanos europeos resultaron mínimos. Las zonas cálidas favorecieron un mayor aprovechamiento alimentario La geografía apareció como otro elemento decisivo. En las regiones tropicales, donde los insectos son abundantes durante gran parte del año, su aprovechamiento alimentario resulta mucho más rentable . En cambio, las latitudes septentrionales presentan una disponibilidad más irregular y estacional. Pablo Librado explicó que “la escasa presencia de insectos en la dieta de los euroasiáticos del norte sugiere que la ausencia de entomofagia no se debe únicamente a factores culturales recientes, sino también a una larga historia ecológica y evolutiva”. Ese patrón se remonta al menos a 9.000 años atrás. El análisis de 1.663 genomas antiguos mostró que ciertas diferencias relacionadas con la digestión de insectos ya existían al inicio de la agricultura y continuaron presentes pese a migraciones y transformaciones culturales posteriores. La explicación también aparece en los genes. Los investigadores estudiaron variantes asociadas a CHIA y CTBS , dos genes vinculados a la producción de enzimas que ayudan a descomponer la quitina , el componente principal de los exoesqueletos de los insectos. Las poblaciones próximas a los trópicos conservaban con más frecuencia variantes asociadas a una digestión eficaz, mientras que en Europa eran menos comunes. La búsqueda de proteínas dio actualidad al hallazgo La investigación adquiere relevancia en un contexto marcado por la búsqueda de nuevas fuentes de proteína . Los insectos forman parte de la alimentación habitual de cientos de millones de personas en países de todo el mundo, aunque en España no parece que vaya a arraigar, y distintas organizaciones los consideran una alternativa sostenible para una población mundial cada vez más numerosa. Los autores aclaran que estas diferencias históricas no impiden consumir insectos en la actualidad. Sin embargo, parte de la población podría digerir peor determinados componentes presentes en ellos. Por ese motivo, técnicas que eliminan parte de la quitina podrían facilitar su aceptación en regiones donde estos animales apenas tuvieron presencia en la dieta durante miles de años.

Go to News Site