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La plantilla del Centro de Recambios de Nissan en Barcelona ha iniciado este lunes una huelga indefinida para protestar contra el cese de actividad de la planta, una decisión que los sindicatos califican de cierre encubierto. Los trabajadores se han concentrado a las puertas del centro para exigir a la multinacional una solución que garantice el mantenimiento de los puestos de trabajo. La protesta llega en un momento crítico, justo cuando el periodo de consultas está a punto de finalizar sin un acuerdo satisfactorio sobre la mesa. Según ha explicado el delegado sindical de UGT, Joan Carles Yepes, el plan de la empresa contempla el traslado de únicamente 12 personas a otras dependencias, una cifra a todas luces insuficiente para gestionar unas instalaciones de "miles y miles de metros cuadrados". Esta situación deja al resto de la plantilla, compuesta por entre 40 y 60 empleados, en una situación de máxima incertidumbre. Nissan ha justificado el cierre alegando un conjunto de causas económicas, productivas y organizativas. Sin embargo, desde el comité de empresa rechazan estos argumentos y sostienen que la única razón real es una decisión estratégica de la compañía. Para los sindicatos, la empresa simplemente ha decidido reorganizar su logística de piezas, una medida que podría haber tomado de otra forma sin necesidad de sacrificar el centro barcelonés. "Podían haber decidido cerrar el de Holanda en vez del nuestro", lamentan fuentes sindicales. El delegado sindical de UGT Nissan, Joan Carles Yepes, ha sido claro al respecto, afirmando que de las tres causas presentadas por la empresa, solo admiten la organizativa. "Simplemente se da la causa organizativa, que al final es una decisión de la compañía que ha decidido dejar de hacer el recambio", ha declarado Yepes. Esta visión pone de manifiesto que el problema no es la viabilidad del centro, sino una elección empresarial que, según el sindicato, perjudica gravemente a los trabajadores y al tejido industrial local. El principal escollo en la negociación es el orden de las prioridades. Mientras la dirección de Nissan quiere discutir primero las condiciones económicas del despido colectivo, los sindicatos se niegan a hablar de indemnizaciones sin antes explorar todas las vías de recolocación para la plantilla. Esta divergencia ha llevado las conversaciones a un punto muerto, con la empresa y los trabajadores enrocados en sus respectivas posiciones a pocas horas de que concluya el plazo legal para negociar. Yepes ha criticado duramente la estrategia de la compañía, acusándola de invertir el proceso lógico de una negociación de este tipo. "La empresa quiere hablar primero de las condiciones y después ya se hablaría de ver si hay posibilidad de recolocar", ha señalado el representante de UGT. Para el sindicato, el camino debe ser exactamente el inverso: primero evaluar cuántos trabajadores pueden ser reubicados y en qué condiciones, y solo después abordar la situación de las personas que no puedan acogerse a esta solución. Ante la falta de avances con la compañía, los sindicatos han reclamado una mayor implicación de la Administración pública. Piden que actúe como mediadora y facilite la búsqueda de soluciones, recordando el exitoso proceso de reindustrialización que se llevó a cabo tras el cierre de la planta de Nissan en la Zona Franca en 2020. Aquel acuerdo, cuyas condiciones de aplicación se extienden hasta junio de 2025, es el modelo que los trabajadores del Centro de Recambios quieren seguir. La diferencia en la magnitud del problema es notable. Mientras que en la Zona Franca fue necesario recolocar a casi 1.000 personas, ahora se trata de encontrar una salida para un colectivo de entre 40 y 60 trabajadores. El sindicato argumenta que la Administración tiene capacidad de presión sobre empresas que reciben ayudas y apoyo institucional para que asuman compromisos de contratación. "Aquí es donde entra la Administración, y donde puede encontrar estas oportunidades en estas empresas", ha insistido Yepes. Con el periodo de consultas a punto de expirar, la plantilla ha decidido intensificar las protestas. La huelga, que ha comenzado este lunes, tiene carácter indefinido. Mañana, los trabajadores trasladarán su concentración a la sede del Departament de Treball para presionar a la empresa durante la que podría ser la última reunión. A partir de ahí, se reunirán para decidir los próximos pasos en un conflicto que amenaza con dejar un nuevo vacío en la industria de la automoción en Cataluña.
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