ABC
SIETE minutos. Nadie quería ser el primero en dejar de aplaudir para no parecer un cenizo o quedar señalado como el aguafiestas que rompiese el encanto de aquella protocolaria exhibición de entusiasmo. Se iban a romper las manos con una ovación que sólo reciben algunas divas de ópera y sólo en los grandes escenarios. El Papa , que antes fue fraile y misionero, sonreía con el gesto diplomático de quien conoce el talante farisaico con que reciben los sermones dominicales algunos cristianos; al final fue él mismo el que decidió retirarse para poner fin al simulacro, probablemente preguntándose en sus adentros si aquella gente tan cumplida se había enterado de algo o de veras nadie se sentía concernido allí por... Ver Más
Go to News Site