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León XIV entrega la Rosa de Oro a la Virgen de la Almudena y pide derribar «los muros que dividen» | Collector
León XIV entrega la Rosa de Oro a la Virgen de la Almudena y pide derribar  «los muros que dividen»

León XIV entrega la Rosa de Oro a la Virgen de la Almudena y pide derribar «los muros que dividen»

La Reina Sofía ha acompañado en la tarde de este lunes al Papa León XIV en uno de los actos más emotivos de su visita a España: la oración y ofrenda floral a Santa María la Real de la Almudena, patrona de Madrid. En la catedral madrileña, consagrada hace treinta y tres años por Juan Pablo II y donde Benedicto XVI rezó durante la Jornada Mundial de la Juventud de 2011, el Pontífice ha querido poner a los pies de la Virgen uno de los regalos más exclusivos que puede conceder un Papa: la Rosa de Oro. La ceremonia ha arrancado con la llegada del Papa a la catedral, donde le ha recibido la Reina Sofía, que es Hermana Mayor de la Corte de Honor de Santa María la Real de la Almudena desde 1972. La madre de Felipe VI, con quien ha mantenido una hora antes una audiencia privada en la Nunciatura junto a las infantas Elena y Cristina, ha usado el privilegio de blanco ante el Pontífice. El acto ha comenzado con el saludo del cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, quien ha recordado que la Virgen forma parte inseparable de la historia de la ciudad. «No entendemos Madrid sin la Almudena», ha afirmado, antes de evocar la tradición que sitúa el hallazgo de la imagen escondida en la muralla medieval de la ciudad. Cobo ha presentado a la Virgen como «refugio de la fe» y «custodia de la esperanza» y ha pedido a María que protegiera el ministerio petrino de León XIV. Tras la lectura del Evangelio, ha llegado el momento central de la celebración: cuando León XIV ha tomado la palabra para agradecer la acogida recibida y explicar el significado de la Rosa de Oro que iba a depositar ante la imagen de la Virgen. El Papa ha recordado que generaciones de madrileños han venerado a Santa María de la Almudena y ha evocado la tradición según la cual la talla permaneció oculta durante siglos dentro de la muralla de la ciudad hasta que un derrumbe permitió encontrarla intacta. Sobre esa historia ha reflexionado el Pontífice sobre la tradición religiosa y los desafíos del presente. «En nuestras sociedades actuales siguen existiendo aún muchas murallas que no protegen, sino que dividen, alejan y aíslan», ha advertido el Pontífice, al tiempo que ha defendido que para construir algo nuevo «hay que estar dispuestos a destruir los muros» y abrir espacios para el encuentro. León XIV ha exhortado a los fieles a perseverar en la fe, la caridad y la esperanza, y ha pedido que la Virgen ayude a los cristianos a convertirse en «constructores de vínculos» capaces de restaurar «el lenguaje universal de la comunión, el amor fraterno y la concordia». A la homilía del Pontífice le ha seguido un silencio de oración en toda la catedral. Después, todos se han puesto en pie mientras el Papa abandonaba el altar y se dirigía hacia el camarín de la Virgen acompañado por el cardenal Cobo. Delante de ellos avanzaban dos alumnos del Seminario Menor de Madrid portando la Rosa de Oro. Los tres han ascendido lentamente las escaleras hasta situarse frente a la imagen de la patrona. Allí, León XIV ha depositado la Rosa de Oro, una de las distinciones más antiguas y prestigiosas de la Iglesia, instaurada en el año 1049 y reservada tradicionalmente a lugares de especial devoción mariana. La pieza, formada por un rosal dorado que emerge de un jarrón de plata adornado con el escudo pontificio, simboliza la bendición y el amor filial del Papa a la Virgen María. Con esta condecoración, la Virgen de la Almudena se ha incorporado al reducido grupo de advocaciones marianas españolas que han recibido este reconocimiento pontificio. La emoción ha sido total en el interior del templo cuando inmediatamente después ha comenzado a sonar el Himno a la Virgen de la Almudena. Después, otra vez desde el altar, el Santo Padre ha pronunciado la misma oración que Juan Pablo II rezó al consagrar la catedral en 1993. El acto ha concluido con el rezo del Padre nuestro y la bendición final, a la que le ha seguido un aplauso unánime y vivas al Papa y a la Virgen de la Almudena. Antes de abandonar la catedral, el Papa se ha despedido de la Reina Sofía, quien se encontraba en primera fila ante el altar, y se ha dirigido hacia la Sacristía, donde se ha cambiado de ropa para, desde allí, dirigirse al Estadio Santiago Bernabéu para su encuentro ante la comunidad diocesana. Mientras el Papa se ha cambiado de ropa, la Reina ha aprovechado para saludar a un grupo de monjas que se encontraban también en primera fila en la Almudena. Antes de salir, para volver a encontrarse con el Santo Padre en la puerta y despedirse de él, ha saludado a Teresa Urquijo, la mujer del alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida. A este acto también han asistido la presidenta de la Comunidad de Madrid, la ministra portavoz del Gobierno, el delegado del Gobierno y numerosos representantes de la Iglesia madrileña. También han participado seminaristas de las diócesis de Madrid, Alcalá de Henares y Getafe, así como miembros de la vida consagrada. Esta tarde ha quedado otra imagen para la historia de esta visita del Pontífice y también de la Iglesia madrileña: la de León XIV rezando ante la patrona de Madrid. Bajo la mirada de la Virgen de la Almudena, el Papa ha insistido en la importancia de derribar los muros que separan para volver a encontrarse.

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