ABC
Carmen murió de cáncer en 2017. Tenía 9 años. Pero va a viajar este fin de semana desde Disneyland París hasta Higueruela, en Albacete, en el asiento de la bicicleta reservado que tiene junto a su padre, Fran Correoso. Será él quien pedalee en este "Reto de Carmen" sin paradas que comienza el 12 de junio a las 8 de la mañana y terminará el 14 a las 8 de la tarde. Pero será ella la que empuje desde dentro, cada día, cada kilómetro de los 1.480 que unen ambos puntos. El motivo lo cuenta Fran: «Agradecer la atención que tuvimos en aquellos momentos y ayudar a las familias que tienen niños en esta situación y que lo están pasando mal». Cada pedalada, un tremendo esfuerzo, pero también una ilusión, y una oportunidad para recaudar fondos para la Fundación Pequeño Deseo , que trabaja con niños en situaciones médicas muy complicadas para los que crea un día especial, como vivió Carmen. «Solo con verles la cara de ilusión por protagonizar un día distinto, emotivo, en el que se van a olvidar del hospital y los tratamientos, ya merece la pena», afirma Correoso, que recuerda cuando ellos vivieron esa experiencia con su hija precisamente en el parque de atracciones parisino, por eso nace allí este último reto. Hubo un primero, en 2022, ascenso al puerto de Higueruela en el que recaudaron 17.000 euros que se tradujeron en 20 deseos cumplidos. Fue tal la alegría compartida que en 2024 subió la apuesta y cruzó España desde Finisterre hasta Higueruela en bicicleta, también sin parar. La campaña reunió 35.000 euros, 40 días especiales para niños y familias que lo están pasando muy mal. Y también reúne a todo un pueblo, que él se sube a la bicicleta, pero es todo Higueruela el que celebra este día como una fiesta. «Ya no es solo el recorrido, sino todo lo que se mueve. Porque lo bonito es que colabora todo el mundo; el pueblo y la comarca se vuelcan. Mi hijo y mi mujer se quedan para organizar actividades para niños, para que se recuerda a Carmen, aunque no la hayan conocido, con un fin de semana de fiesta. No quiero que se recuerde a mi hija por algo negativo», afirma Correoso. De hecho, es así como han intentado convivir con un obstáculo de la vida que «no se supera nunca». «Esto no se supera en la vida, hay veces que paso por su habitación y me hincho a llorar o veo una foto y me pongo a reír. La única manera de sobrellevarlo es teniendo una compañera de viaje que te apoye, que tu hijo sepa que sigue existiendo su hermana y el apoyo diario. Teníamos dos opciones: hundirnos y ponernos de negro o pasara un tiempo, tirar para adelante, tenemos otro hijo y no se merece que se esté llorando siempre a su hermana. No lo superas, te haces a la situación y la vida sigue. En casa ves fotos de mi hijo, pero se habla de Carmen como si estuviera con nosotros», explica de esta situación por la que mucha gente les ha pedido consejos al transitar por ese mismo camino. «Yo siempre pienso que nos están viendo, que están por aquí, y lo único que puedo decirles a los que nos consultan es que hay que tirar para delante y recordar que al ser querido no le gustaría que nos encerrásemos en una habitación. Mi hija se sentiría orgullosísima de que continuáramos con nuestra vida, pero cada situación y cada familia es un mundo». Sobre todo, recalca Correoso, es que uno nunca piensa que le puede tocar a él. «El bombo es muy grande y los premios son muy poquitos, pero están ahí. Por eso estos retos remueven mucho la conciencia de la gente. En un pueblo de mil habitantes como este, ya ves casos de cerca y sí te conciencias de que te puede tocar. El egoísmo siempre existe, pero la gente se pone en nuestro lugar, y en el lugar de otros padres. Creo que tocamos la sensibilidad de la gente con este tipo de reto». Uno mayúsculo, todo hay que decirlo, porque son 1.450 kilómetros de día y de noche y atravesando zonas montañosas como los Pirineos o el Sistema Ibérico. «Esto es imposible hacerlo solo. Tengo 51 años y lo llevo preparando un año. Serán cerca de 60 horas sin parar. En el reto anterior fueron 1.200.000 pedaladas. El mayor miedo que tengo el quedarme dormido en la bici y que pase algo, por eso llevo un equipo de muy buena gente, con una furgoneta de apoyo, para el abastecimiento, y dos autocaravanas para que descansen los ocho ciclistas que vienen conmigo y que estarán apoyándome a turnos de tres horas. Para dar agua, ánimos, conversación. Pero merece la pena y lo repetiría mil veces. Solo con saber que le vamos a alegrar el día a un niño que tiene muy mal pronóstico o que lleva mucho tiempo hospitalizado y que sus padres se van a sentir superbién, me vale». Recalca Correoso que el dinero recaudado no pasa por él, va íntegramente a la Fundación, desde donde se puede colaborar. «El único pacto es que todas las donaciones vayan a su número de cuenta; yo no quiero que nadie puedo pensar que me he quedado dinero. Esto es muy limpio: pasamos el informe de lo que se ha recaudado y la Fundación nos pasa el informe de los niños a los que ayudan», y recalca: «Por mucho que sean 35.000 euros, estas donaciones no podrían apoyar un proyecto de investigación, no sería suficiente. Por eso prefiero que vaya a los niños». Niños que, lamentablemente, viven en los hospitales de toda España a los que, dice Correoso, no se tienen siempre en cuenta. «Hay infinidad de Carmenes y Pedros y Franciscos y Carolinas. El pasillo de oncología de cualquier hospital ya es muy duro, pero me gustaría que políticos y empresarios se pasearan un día por el de oncología infantil. Removería muchas conciencias y creo que cambiaría el mundo. Hay muchos tipos de cánceres, y en algunos casos, creo que podrían tener solución con muy poquito dinero. Necesitamos más concienciación, que se pongan en la piel del niño, o del hermano, o de los padres. Hay muchas Cármenes y, lamentablemente, cada vez hay más», zanja Correoso, a punto de subirse a la bicicleta que unirá Eurodisney con Higueruela y en la que pedaleará él, y lo animará Carmen a su lado.
Go to News Site