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¡Ya!

¡Ya!

Estamos en el momento ya del típico «preparados, listos, ya», que decimos antes de empezar una carrera. Esta no es una carrera competitiva, sino una carrera en cuya meta gozaremos de la presencia del Papa León XIV, el Vicario de Jesús en la Tierra. Ha sido un tiempo muy intenso de preparación de todos los detalles de esta visita apostólica. Quizás algunos llegan un poco cansados, pero con la alegría de haber dedicado todo su esfuerzo para que muchos podamos disfrutar y crecer interior y espiritualmente gracias a los diversos encuentros con el Santo Padre. Hoy le esperamos en Barcelona. Estamos entusiasmados, anhelantes y muy, muy agradecidos a Dios, al Papa y a todas las personas que con su esfuerzo, tiempo y recursos han hecho posible esta visita histórica. Una visita que encontrará un momento central con la bendición de la Torre de Jesucristo de la basílica de la Sagrada Familia del genial «arquitecto de Dios», el venerable Antoni Gaudí i Cornet. ¿Estamos preparados? Sí, nos hemos ido preparando hace tiempo y ahora estamos expectantes. Hemos organizado, con la ayuda de muchas personas, un encuentro que ya está siendo histórico, una visita que nos marcará. La recordaremos siempre y contaremos cómo fue con mucho entusiasmo y vibrante emoción. ¿Estamos listos? Aunque siempre tenemos la sensación de que falta algún detalle y estamos un poco nerviosos, estamos a punto para recibir al Sucesor de Pedro en Barcelona. Al Papa León XIV le estamos inmensamente agradecidos de que haya aceptado nuestra invitación. Las puertas de nuestra ciudad están abiertas de par en par y nuestros corazones también. Lo queremos acoger con cariño y deseamos escuchar con atención sus palabras. Seguro que su voz calará hondo en nosotros. Gracias a Dios, el deseo de todos nosotros ya se ha hecho realidad, León XIV ya está entre nosotros. Ya ha visitado Madrid, en una visita que comenzó el pasado sábado, y hoy lo recibiremos en Barcelona. Muchas personas quieren ser testimonios de esta visita en primera persona. No solo los católicos, sino también muchas personas agnósticas o creyentes de otras religiones que siguen los gestos y palabras del Papa por los medios, leen sus escritos, sus entrevistas, escuchan sus declaraciones, se interesan por su magisterio. Saber que físicamente el Papa está más cerca de nosotros llena de gozo a muchos y, aunque no lo puedan saludar de cerca, la presencia del Santo Padre aquí es un regalo que nos hace Jesucristo. Con esa motivación y entusiasmo participamos en este acontecimiento, cada uno desde donde está, pero unidos en la oración y con un objetivo común, recibir al Santo Padre con cariño e ilusión. Pidamos a Dios que nos conceda el don de ser buenos anfitriones. Hemos hecho todo lo posible para que el Papa se sienta como en casa y tenga un buen recuerdo de nuestra tierra. León XIV es el protagonista de esta visita y de parte de la historia de la Iglesia, desde que hace poco más de un año nos dijo: «La paz sea con todos vosotros». Desde entonces no ha tenido prisa por aparecer en escenas principales, se ha mantenido en una posición discreta y, a la vez, muy firme. Sin prisas y con palabras sólidas ha ido mostrando cómo es y ha ido conquistando nuestros corazones, con una manera de hacer y estilo propios que lo caracterizan. Esta visita apostólica tiene un hermoso lema: «Alzad la mirada». En Barcelona, acompañados del Papa, alzaremos la mirada y contemplaremos la cruz que corona la torre de Jesucristo de la basílica de la Sagrada Familia. La majestuosa cruz de Jesucristo irradiará luz y la veremos desde muchos puntos de Barcelona. Antoni Gaudí quería finalizar esta torre mostrando a Jesucristo, el Hijo de Dios, que da su vida por todos nosotros. La Cruz es el signo del inmenso amor de Dios por cada uno de nosotros. Es una invitación a acoger a Jesús y dejar que renueve nuestra vida. Cuando dejamos que Jesucristo intervenga en nuestra vida, nos da otra perspectiva y nos hace fuertes ante las adversidades. Jesús nos invita a alzar la mirada y a resucitar con Él en esta vida, y ser semilla de amor y esperanza para los hermanos que cohabitan con nosotros. Con fe y amor a Cristo, nuestra vida se llena de luz y esperanza. Ojalá que esta visita nos haga ser también luz y esperanza para los más pobres y necesitados. Pidamos a Dios que la visita de León XIV nos anime a continuar nuestro camino de fe. Este camino que recorremos con esperanza y alegría, acompañados de Jesucristo, es también una especie de carrera con una meta, pero, como dice san Agustín y seguro que recordará el Santo Padre: «No vamos a Cristo corriendo, sino creyendo, no se acerca uno a Cristo por el movimiento del cuerpo, sino por el afecto del corazón» ('Tratado sobre el Evangelio de san Juan' 26,3). Esta visita no quedará reducida a un recuerdo emotivo. Será una llamada a vivir la fe con entusiasmo, a dar testimonio de Jesucristo con sencillez y valentía, con nuestras palabras y nuestras obras. Seguro que en el futuro tendremos presente las palabras que el Santo Padre nos está dirigiendo estos días. Como ya nos ha reiterado en diversas ocasiones, el Papa Prevost quiere que seamos una Iglesia que lleve la luz del Evangelio con un compromiso de paz, de justicia y de solidaridad. Ojalá que esta sea una buena ocasión para que esto lo tengamos bien presente. Ahora toca vivir intensamente y disfrutar juntos de la visita del Papa León XIV. Y tras su visita, el Santo Padre se dirigirá a otras tierras, donde otros muchos prepararán con mucho ahínco e ilusión su visita. Y nosotros seguro que lo seguiremos por los medios de comunicación allí donde vaya, porque nos importa. No queremos perdernos sus enseñanzas ni sus gestos, porque nos ayudan a recordar la bella misión que tenemos y la bella meta que nos espera en esta vida. Disfrutemos del Papa en esta visita tan singular y no le digamos adiós, sino hasta siempre.

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