COPE
Marc Traginé, camionero con 23 años de experiencia, recorre las carreteras de Europa con una mezcla de pasión y realismo. A pesar de definir su oficio como "apasionante", no duda en señalar las profundas grietas del sector del transporte: desde la falta de infraestructuras básicas hasta la inseguridad constante y la paradoja de la escasez de conductores. "Salgo a disfrutar, no a trabajar, porque me gusta, me apasiona", afirma, pero su testimonio revela una realidad mucho más compleja. Para Traginé, la vida en la carretera es sinónimo de libertad. "Cada día me levanto en un sitio diferente", explica, valorando la autonomía que le permite organizar sus rutas. "Dentro de mis horarios me dicen tienes que ir del punto A al B, montándolo como tú quieras", señala. Esta dinámica, lejos de la monotonía de una oficina, es lo que le mantiene enganchado a un trabajo que no cambiaría. Esa pasión se alimenta de los pequeños retos diarios, como enfrentarse a rutas complicadas o clientes nuevos, algo que le hace sentir "mariposas en la barriga". A pesar de las dificultades, como la barrera del idioma en viajes internacionales, asegura que "siempre hay alguien que te ayuda". Sin embargo, esta visión optimista choca con los problemas estructurales que denuncia. Traginé aborda de frente la crisis de la falta de conductores, estimada en unos 30.000 profesionales. Sin embargo, su diagnóstico va más allá. "Faltan conductores, perfecto, todos estamos de acuerdo. Pero hay muchos más factores", advierte. "¿Dónde están los párkings para aparcar? ¿Dónde están los servicios para el camionero? Primero hay que ordenar la casa y luego la llenamos". Critica que, mientras se habla de escasez, no se cuida al talento existente. "Si tienes un conductor que es bueno, cuídalo", reclama a las empresas, insistiendo en que la valoración va más allá del sueldo. Al mismo tiempo, denuncia la falta de oportunidades para los jóvenes: "Hay chavales jóvenes que se sacan el carné y nadie les da un camión porque no tienen experiencia. ¿En qué quedamos?". El camionero también apunta al elevado coste de los permisos de conducir como una barrera de entrada que contradice la supuesta necesidad de nuevos profesionales. "Parece que sea una cosa de millonarios", lamenta, y sugiere que se necesitan más ayudas para formar a la gente que realmente quiere dedicarse a ello. Su consejo para los aspirantes es claro: "Si lo quieres hacer por dinero, no lo hagas, porque te vas a quemar". Uno de los aspectos más duros del oficio es la inseguridad. Traginé relata cómo los robos de gasoil y mercancías son una amenaza constante, especialmente en ciertas zonas de Francia. "Ya no duermes a gusto. Lo pasas mal porque nosotros no somos policías", confiesa. Los conductores se ven obligados a desarrollar estrategias, como aparcar pegados a vallas o en peajes para protegerse. A esto se suma la precariedad de las áreas de servicio y situaciones como los "parkings invernales", donde cientos de camiones son retenidos en explanadas sin servicios básicos ante una previsión de nieve. "Te meten en una plancha de hormigón inmensa, con 2.000 camiones, y no tienes ningún servicio, ni lavabo, ni bar, ni nada", describe. Una situación que evidencia el abandono que sienten muchos profesionales de un sector que, como él mismo recuerda, mueve el 95% de las mercancías del mundo.
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