ABC
Hay un momento en 'The Drama' en el que los novios protagonistas acaban de discutir pero tienen una cita con la fotógrafa de su boda, que como los ve nerviosos les propone hacer un ensayo, y allí los tienes, posando con cara de rosco de 'Pasapalabra', esperando que se agoten los segundos de sufrimiento y volver a su casa para discutir o tumbarse en la cama a pensar en la eternidad. Es una escena ridícula, triste, contemporánea. Me recordó a un festival de 'influencers' organizado por una conocida marca de bebidas alcohólicas, que por desgracia no patrocina esta columna, en el que los más famosos solo bajaban a la playa solo para posar y volver a su tumbona, a comer pantalla. No he visto gente más ceniza en mi vida. Podría hacerse un documental sobre las miserias de nuestro mundo con el 'making of' de las redes sociales y de las bodas. Nos saldría algo entre 'El triángulo de la tristeza' y 'Bienvenido Míster Marshall' y 'El lobo de Wall Street'. 'The Drama', que nos vamos, es una película sobre la industria de las bodas (un negocio en el que siempre ganan las floristerías) y sobre algo peor: los delitos de pensamiento, para los que no existe el perdón. Son dos asuntos que tienen mucho que ver, pues necesitan una moral victoriana para sostenerse y crecer. La misma persona obsesiva compulsiva que quiere una boda perfecta y coreografiada es la que no duda en censurar a alguien antes por lo que dice delante de alguien que por lo que hace en su intimidad. En Filmin también tienen 'Dream Scenario', otra película del director de 'The Drama', Kristoffer Borgli. Es una historia lisérgica en la que la gente empieza a soñar con el mismo hombre, un profesor universitario de vida anodina que interpreta Nicolas Cage. De pronto, este se convierte en una celebridad nacional: sus clases se llenan, le invitan a cenas de gente interesante, al fin alguien le quiere publicar su libro. Todo va bien hasta que esa misma gente que lo celebra pasa de tener sueños a tener pesadillas con él. De un día para otro el hombre se ve apartado de su trabajo, de su familia, del mundo, que le exige perdón por algo que no ha hecho ni ha pensado. Le exigen perdón por lo que piensan de él. El hombre, claro, acaba desquiciado, fuera de sí, y termina por parecerse al loco ese de las pesadillas. Al verla, pensé: qué gran película sobre la cultura de la cancelación. Y después: ¿no fue aquello un mal sueño? ¿No queda muy lejos ya?
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