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La visita de León XIV al Bernabéu , estadio del Real Madrid —el equipo al que apoya, según él mismo confesó, como Robert Prevost — estuvo muy ligado a lo que realmente representa este escenario: el fútbol . No solo hubo actuaciones musicales , sino también un pequeño partidillo para el que no faltaron dos de las voces más populares de la radio deportiva española: Paco González, director de 'Tiempo de Juego' de la Cadena COPE, y Manolo Lama, narrador de los partidos del Real Madrid y de la selección española. Pero detrás de ello había un fondo mucho más profundo. Lo dijo Christian Gálvez, presentador del evento junto a su mujer Patricia Pardo : «Desde aquí, desde el Bernabéu, le podemos prometer que la Iglesia de Madrid va a marcar goles. Va a seguir marcando goles y no va a parar porque la fe no entiende de pitidos finales de partido» . Tras esta presentación, por la megafonía, atronó la voz de Lama y González para una de las narraciones futbolísticas más inesperadas —y sentidas— que se han escuchado en el Bernabéu. «La Iglesia que camina en Madrid está en el césped camina todos los días en Madrid», terciaba González, para que Lama empezase a contar cómo alguien que se encontraba solo encontraba una parroquia abierta en la capital. «¡Asistencia perfecta contra la soledad!» , contestaba el primero, mientras uno de los cuatro chicos que estaban con un balón pateaban a portería al grito de «¡Goooool!» que coreó todo el estadio. «¡Esto es juego del bueno, Manolo, sin focos pero con mucho corazón!», especificaba Paco González, antes de seguir con el siguiente gol: un comedor social. «¡Balón para el último, definición impecable y gol contra la desigualdad!» , gritaban para éxtasis de los presentes. También narraron el gol de un joven que no encontraba la fe o el de un inmigrante recién llegado a la capital y que encontró en la Iglesia la ayuda que buscaba. «¡Gol contra el racismo!» , gritaba la característica voz de Lama. Las risas de los presentes, incluido el propio Papa, no se hicieron esperar, pero el mensaje era mucho más profundo de lo que el tono podía parecer. «El mundo empuja, aprieta, pero este equipo no se encierra . Cómo se nota que está Dios capitaneando esta gesta», entonaban los dos periodistas. Incluso se coló una muletilla ya famosa de Lama, el «¡Ay, mi madre!» que no remató del todo. «No voy a decir el bicho, pero sí voy a decir vaya golazo que le han metido a la mundanidad espiritual que estaba jugando este equipo», reivindicaron. El mensaje final fue claro, de orgullo cristiano como el de un forofo de su equipo de fútbol: «Este equipo nunca baja la cabeza. Alza la mirada y sigue jugando. Manolo, cómo se nota que aquí no hay estrellas individuales . Tenemos en Madrid un equipo entero dejándose la piel. Santo Padre, la Iglesia que camina en Madrid mete goles todos los días y no va a parar hasta el pitido final. ¡Madrid, Madrid, Madrid: alzad la mirada y que siga el partido!». La réplica del Bernabéu, como en las grandes ocasiones, estuvo a la altura del escenario: entre gritos de '¡Oe, oe, oe!'. Al Pontífice le encantó este momento. Prueba de ello es que se salió ligeramente de su discurso final, que normalmente lleva escrito. «Supongo que para un jugador de fútbol hacer un gol en este estadio les marca un poco la vida. Pero don José (por el cardenal Cobo) hoy la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo para siempre», dijo el Santo Padre, entre los aplausos —y el sonrojo satisfecho— del arzobispo de Madrid y los cánticos de un Bernabéu lleno como si fuera una final de la Champions.
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