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El último encuentro multitudinario del Papa en Madrid ha sido en una de las catedrales del fútbol, el Santiago Bernabéu . De pie en las mismas gradas desde las que han cantado goles y llorado derrotas, este lunes 80.000 católicos madrileños han recibido a León XIV con un entusiasmo parecido al de una final de la Champions. León XIV ha reído a carcajadas, se ha emocionado y conmovido, y antes de marcharse ha invitado a los católicos a jugar en equipo y no cada uno por su cuenta, para llevar a Dios «al corazón de la ciudad». Para escucharle, han llevado en andas una imagen del Cristo de Medinaceli y otra de la Virgen de la Almudena. A las 19:23, Christian Gálvez y Patricia Pardo han anunciado que «el Papa es el fichaje estrella de esta tarde y está pisando el Bernabéu». «Queremos que el Papa escuche cómo se cantan goles en el Bernabéu, que nos escuchen hasta en Roma», han calentado motores. Cuando el Papa ha saltado al campo, no han cantado gol sino «Alzo la mirada», interpretada para la ocasión por David Bustamante, Diana Navarro y Daniel Diges, muy aplaudidos por León XIV. El Papa ha recorrido en golf cart las primeras filas, y se ha detenido para bendecir a los bebés que le iba acercando su jefe de seguridad. «Gracias por el trabajo de estar tantas horas con nosotros», le ha recibido Christian Gálvez con elegancia. «Santo Padre, esta es la Iglesia de Madrid», ha dicho el cardenal José Cobo señalando el entusiasmo de las gradas. «Reunidos en este gran escenario recibimos una interpelación: no basta con que haya muchas voces; es necesario que cantemos juntos, que haya armonía y comunión y que la sinodalidad - el caminar juntos , sea real y visible», ha asegurado ante el Papa. Un vídeo ha explicado que se trata de una comunidad de más de 7.000.000 de habitantes, con los problemas de nuestro tiempo: «individualismos, retos de la convivencia, la vivienda, la soledad no deseada» y el reto de hablar de Dios en esas realidades. «¿Qué desea el Papa para Madrid?», ha planteado. Luego, varias personas han presentado experiencias sencillas que caracterizan la vida de la Iglesia en Madrid. Una mujer le ha explicado que colabora activamente con la parroquia, un padre con hijos enfermos le ha contado cómo consigue organizarse para ayudar a otras familias; y los sacerdotes le han explicado en qué consistió Convivium, un encuentro en el que todos los que trabajan en Madrid reflexionaron sobre su tarea. El Papa ha aplaudido a España cuando una familia de emigrantes peruanos ha contado que llegaron a Madrid con miedo al racismo y que sin embargo se encontraron en casa. Un joven de 33 años le ha contado el proceso por el que el año pasado decidió bautizarse, y también que el año que viene se va a casar y va a formar una familia. «La Iglesia en Madrid marca muchos goles que ayudan a mucha gente, y no va a parar porque la fe no entiende de pitidos de final de partido», ha asegurado el presentador. «Para un jugador, hacer un gol aquí es algo que marca la vida . Don José, hoy la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo para siempre», ha dicho León XIV dirigiéndose a José Cobo tras escuchar conmovido los testimonios. El Papa ha subrayado cómo ser bautizados significa vivir «orientados al servicio», para contribuir «al bien común», y que si actúan siempre así, desatarán «las mejores fuerzas de una humanidad bombardeada de imágenes y palabras, pero hambrienta de justicia y sedienta de verdad». Esta es la tarea que le encomienda. Su idea es que «la bondad, aunque sea de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos». «Hay que volver a aprender el arte espiritual de ser cordiales, sin el cual incluso el anuncio del Evangelio corre el riesgo de convertirse en una repetición impersonal y, al perder eficacia, deja espacio a la frustración y la desconfianza», les ha pedido. Por otro lado, les ha abierto horizontes. Les ha rogado que no se encierren «en el grupo o en el entorno en el que ya nos sentimos seguros, entre personas que siempre cantan la misma melodía» y que estén «allí donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas», en los «núcleos más profundos del alma de las ciudades». Se trata de proponer su estilo de vida «en las relaciones laborales y de proximidad», mirando con respeto a todos y actuando con bondad. Les ha pedido que no pretendan que todos los católicos sean iguales y tengan las mismas opiniones, que aprecien la «pluralidad de voces» y aprendan a trabajar juntos y a colaborar con todos. «Tened confianza en el hecho, cada vez más evidente, de que se puede volver a la fe o conocerla por primera vez en la edad adulta. Disponeos a acoger los nuevos comienzos no como una excepción, sino como la regla de la misión», ha advertido. Antes de marcharse, para que no reduzcan la experiencia de estos días a un subidón de dopamina, les ha recordado que esa alegría que manifiestan «será contagiosa si, de ser una emoción pasajera, se convierte en un modo estable de ser». «Madrid es una gran ciudad con almas y corazones diferentes», les despidió antes de bendecirles para que sean misioneros en la ciudad. En el Bernabéu, esa idea tiene un nombre viejo y glorioso. Se lo dio Di Stéfano: «Ningún jugador es tan bueno como todos juntos».
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