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Luces largas para Montserrat: mil años de misterios reciben al Papa | Collector
Luces largas para Montserrat: mil años de misterios reciben al Papa

Luces largas para Montserrat: mil años de misterios reciben al Papa

Cuando León XIV era el superior de los agustinos Robert Francis Prevost visitó Montserrat como un peregrino más. Era el año 2013, pero el abad Manel Gasch no lo supo hasta doce años después. El 3 de octubre de 2025, con motivo del Milenario de Montserrat , el monasterio inauguró una exposición en el Palazo de la Cancillería sobre la contribución benedictina en la construcción europea; la Escolanía cantó en la sala «dei cento giorni». En su encuentro con el Papa, el abad supo de aquella visita anónima a la abadía y que el hoy León XIV, que tiene una imagen de «la Moreneta» en su despacho, había fundado en la peruana Trujillo una parroquia de la Virgen de Montserrat. «La Moreneta». Así identifica la feligresía popular, por su tonalidad oscura, la talla románica que ennegreció durante centurias el humo de las velas. Hallada en una cueva y trasladada a una ermita, Oliba, abad de Ripoll y obispo de Vic, fundó en 1025 el monasterio de Santa María. Entronizada en la iglesia románica, embrión de la actual abadía, la orden benedictina arrostró toda suerte de vicisitudes en sus mil años de existencia: el monasterio fue destruido por los franceses en 1812, desamortizado en 1835 y colectivizado en 1936 por los republicanos. En Montserrat nació la Escolanía en el siglo XIII y en su biblioteca se guarda el 'Llibre Vermell', códice de 1399 que nos informa de la historia monacal y la música medieval en la España y la Europa del siglo XIV. «La gente sube a Montserrat por diversos motivos y lo que nos gustaría, sea la que sea su religión, es que de su visita surja algo más: una llamada a la interioridad de la persona», advierte el padre Bernat Juliol, comisario del Milenario. A esa llamada acudió León XIV. También Jaime I el Conquistador, Pedro II el Grande, antes de enfrentarse al ejército del rey francés Felipe el Atrevido al que acabó venciendo, o Juan I y su esposa Violante. El francés Francisco I, prisionero de Carlos I, ofreció a la virgen su anillo real: «La única ofrenda posible de un rey cautivo a la reina de su amor», rezaba la dedicatoria. El Emperador Carlos peregrinó también a Montserrat: experimentó «algo divino que no sabría explicar». Entre los tesoros montserratinos la joya de la reina Isabel, esposa de Carlos I; o la «lámpara del rey moro» que Juan de Austria ganó en la batalla de Lepanto. La noche del 24 de marzo de 1522, el caballero Íñigo López de Oñaz y Loyola sube a Montserrat para hacer recuento de su vida y expiar sus pecados. No hace ni un año una bala de cañón le quebró una pierna y dañó la otra. La peregrinación culmina en una cueva de Manresa donde escribe sus 'Ejercicios espirituales', semilla de la Compañía de Jesús. Loyola reza y ofrece su espada a la Virgen. Aquel que arribó al monasterio con uniforme militar salió de él como el santo Ignacio de Loyola. No todos los visitantes vivieron la montaña como ejercicio de introspección. El fundador de las SS, Heinrich Himmler, identificó Montserrat con el Monsalvat wagneriano del Santo Grial. El nazi pagano se negó a besar la mano de la Virgen: «Ya acabaremos nosotros con estas supersticiones», masculló. Sin Montserrat no se entendería la obra de Gaudí, su Sagrada Familia o los roquedales del Parque Güell. La montaña que acoge al cenobio benedictino es un inmenso templo natural: «En sus ermitas colocadas sobre los silenciosos precipicios, la sensación de templo es siempre lo que domina. ¿Podéis imaginar aquella montaña sin una divinidad que adorar en su seno, sin alguna consagración religiosa?», se preguntaba el poeta Joan Maragall. «De los catalanes siempre seréis Princesa/de los españoles Estrella de Oriente,/sed para los buenos pilar de fortaleza,/para los pecadores el puerto de salvación» reza el 'Virolai'. El himno de Monserrat que escribió Jacinto Verdaguer pone la devoción a la Virgen por encima de sectarismos. Pero, como sucede con la manipulación histórica o la conversión de la lengua en arma identitaria, el nacionalismo quiso utilizar el monasterio como feudo proselitista. Con un sesenta por ciento de visitantes extranjeros, el abad Gasch subraya que Montserrat es un enclave de la fe, más allá de su protagonismo en la cultura catalana. Y esa vocación transversal explica la «estabilidad» montserratina en palabras del abad: «Cuando alguien lleva mil años en el mismo sitio ha construido algo más o menos estable. Una estabilidad que durante estos mil años nos ha hecho estables geográficamente en este sitio, en estas rocas, donde era inimaginable hace mil años que se desarrollara todo lo desarrollado», afirmó Gasch en la recepción a los Reyes por el Milenario del monasterio. Una visita empañada por grupúsculos vociferantes del independentismo que pretenden reducir la experiencia espiritual a una bandera estrellada. O las protestas por la participación de la Escolanía de Montserrat, cantando en castellano en el álbum 'Lux' de Rosalía. La Escolanía que ha actuado en muchos lugares del mundo y grabado discos en catalán, latín, español, alemán o inglés molestaba a los inquisidores del monolingüismo empobrecedor. A la iglesia de España en Roma, sucesora de la de Santiago, se le conoce como 'Santa Maria in Monserrato degli Spagnoli'. La fe: lenguaje universal y permanente. Lo supo León XIV hace tres lustros al orar, solitario y anónimo, en el camarín de «la Moreneta». «Luces largas», dice el abad de Montserrat.

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